Asumió como párroco en 2021 y trabaja durante el día en la construcción: la historia del Padre Maxi de San Bernardo
En diálogo con "Ecos de Mañana", programa que se transmite de 7.30 a 9.30 horas por LU9 Mar del Plata, Padre Maxi Turri, a cargo de la parroquia de San Bernardo, habló sobre su trabajo en la iglesia, y además, las tareas que desempeña por fuera para subsistir.
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De lunes a viernes, de 8 a 17, el padre Maxi Tirri cambia la sotana por la ropa de obra: trabaja como albañil y electricista en la construcción de un complejo. A partir de esa hora vuelve a su tarea de sacerdote en la parroquia de San Bernardo, que tiene a cargo desde 2021.
En diálogo con LU9 Radio Mar del Plata, explicó que su caso no es una excepción. La colecta no alcanza, y muchos curas salen a trabajar para cubrir sus gastos personales, como la obra social y los aportes jubilatorios, porque no reciben dinero del Estado ni de la Iglesia.
Cinco años al frente de la parroquia
Tirri llegó a San Bernardo en 2021, cuando el entonces obispo Carlos Malfa lo designó párroco. Desde entonces atraviesa los “desafíos naturales” de la vida costera: pasar el invierno y prepararse para la temporada.
Describió el momento como una mezcla “entre la fe y el trabajo, la demanda, la necesidad” y “la expectativa”, que incluye la posible visita del Papa al país.
Ocho horas en la obra
El sacerdote hizo una capacitación en electricidad y hoy integra un equipo que construye un complejo. Trabaja como albañil y electricista de 8 a 17, con un corte de 12 a 13. “Después a las 17 sigo con la tarea normal de sacerdote, que nunca dejo”, aseguró.
Además, estudia automatización de portones e instalaciones eléctricas. También cursa a distancia la licenciatura en Filosofía en la Universidad Católica de La Plata, donde ya trabaja en un bosquejo de tesis.
Con humor, reconoció que el ritmo se paga: “A las 23 estoy durmiendo totalmente”.
“La colecta no alcanza”
Tirri buscó desarmar un prejuicio muy extendido: la imagen del cura que mira por la ventana “sentado sobre lingotes de oro”, como solía ironizar monseñor Malfa.
Explicó que la mayoría de los párrocos heredan “templos muy grandes, de otra época”, que necesitan arreglos de techos, pintura y mantenimiento permanente. Por eso la colecta “no es suficiente”. Muchos sacerdotes trabajan en la educación o en alguna capellanía rentada, en hospitales, la policía o Prefectura. Otros, como él, buscan otro empleo.
Según detalló, las parroquias viven de la colecta de la misa y de donaciones particulares: “No reciben del Vaticano, no reciben de la Nación, de la provincia ni de las municipalidades”. Aclaró que algún subsidio puede destinarse a mantener edificios históricos, pero que eso es “absolutamente diferente” al sostenimiento del cura.
“O arreglo el techo o pago la prepaga”, resumió.
Cómo llegó a la obra
El empleo surgió de una relación previa: quien hoy lo contrata había hecho un trabajo de manera generosa en la parroquia. “Le dije: necesito pagarme la prepaga, necesito aportar para mi jubilación, ¿tenés algo para darme?”, relató. La respuesta fue inmediata: “Vení, sumate”.
En la obra, sus compañeros, muchos de ellos jóvenes, lo tratan como “Maxi”. Contó que a veces sienten pudor por alguna mala palabra y le piden perdón, pero él les pide “hablar con libertad”. Con algunos, dijo, ya planifican el bautismo de sus hijos.
“La evangelización no es solo desde el púlpito”
Para el sacerdote, lo religioso “no es ajeno a lo humano”. Retomó la idea del papa Francisco de una Iglesia “en salida” y de pastores “con olor a oveja”. Sostuvo que compartir horas de trabajo y esfuerzo abre espacios de diálogo.
Ante la consulta sobre si ese camino puede ayudar a la Iglesia a recuperar su lugar, aclaró que no habla como vocero institucional, sino “por mí”. Admitió que a veces los curas están “desfasados de la realidad” y planteó que “cuanto más fiel a sí misma es la Iglesia, más brillante es el Evangelio”.
Sobre su paso por la filosofía, afirmó que busca “dialogar con el mundo de hoy” y evitar los prejuicios que “cierran posibilidades”.
“Lo cotidiano a veces es lo extraordinario”
Al cierre, Tirri rechazó presentarse como un ejemplo: “No tiene nada de heroico ni de sorprendente”. Quiere que la comunidad sepa que sus curas viven de la colecta o de algún ingreso propio.
“Es un ser humano que se consagró a Dios y que necesita también pagarse la prepaga”, concluyó.


