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      Carga mental: 'las personas a veces caen en su propia trampa', el alerta sobre la organización familiar invisible

      En diálogo con "Pasen y Vean", programa que se transmite de 9.30 a 12 horas por LU9 Mar del Plata, la columnista Alejandra Linardi, Licenciada en Psicología, habló sobre la rutina familiar, que no solo implica tareas concretas, sino también una intensa carga psíquica invisible.

      23 de junio de 2026 | 20:34
      Alejandra Linardi, Licenciada en Psicología
      Alejandra Linardi, Licenciada en Psicología

      Organizar la vida familiar no es solo lavar los platos, hacer las camas o cocinar. Detrás de esas tareas visibles existe una "carga mental" —la logística de turnos médicos, compras, trámites y actividades escolares— que muchas veces recae sobre un solo integrante de la familia y termina pasando factura. Así lo planteó la licenciada en Psicología Alejandra Linardi en su columna de LU9 Radio Mar del Plata.

      La especialista advirtió que este desgaste rara vez se reconoce como tal y que, cuando se acumula, puede derivar en irritabilidad, ansiedad, culpa, cambios de humor e incluso cuadros de salud física. La clave para empezar a aliviarlo, sostuvo, es "ponerlo en palabras".

      Qué es la carga mental y por qué no se ve

      Linardi diferenció entre el trabajo doméstico que se ve y el que queda "entre bambalinas". Lavar, barrer o cocinar son acciones concretas; la carga mental, en cambio, es la planificación que las hace posibles. La psicóloga aclaró además que ese rol "está muy desdibujado" y que ya no recae necesariamente sobre la mujer, aunque reconoció que muchas veces sucede.

      Como ejemplo, mencionó algo tan cotidiano como un turno con el pediatra: cuando indican volver en tres meses, alguien tiene que anotarlo, recordarlo y volver a gestionarlo cuando la agenda ya está cerrada. A esa logística se suman las compras —"hoy también la gente busca precios"—, las restricciones alimentarias dentro de la familia, los arreglos del hogar y la espera del plomero o el electricista.

      Por qué hoy es más pesado que antes

      La especialista señaló que la vida actual aumentó esa carga en lugar de simplificarla. Antes, comparó, una mujer podía criar a varios hijos "todo juntito"; hoy cada hijo es "una empresa", con controles médicos, organización y exigencias escolares sofisticadas. Donde antes alcanzaba con una pechera de cartón para un acto, ahora hay "casi una interpretación cinematográfica", graficó.

      A eso se sumó la digitalización de la vida cotidiana. Linardi planteó la paradoja de tener "un montón de facilidades" —pagar servicios desde el teléfono, hacer transferencias— y, al mismo tiempo, sumar trámites, baja de servicios, prepagas y atención automatizada que insumen tiempo y estrés. Hasta sentarse a ver un partido del Mundial, ejemplificó, hoy depende de la conexión a internet, el delay y los cortes.

      La trampa de la sobreexigencia

      Para la psicóloga, muchas veces "las personas caen en su propia trampa": terminan cuidando de todo y de todos, se descuidan a sí mismas y luego se quejan "como que si la culpa estuviese afuera". Suele ocurrir, explicó, en quienes a lo largo de su historia familiar se acostumbraron a hacerse cargo de otros y reproducen ese funcionamiento en la vida adulta.

      Un caso frecuente es el cuidado de padres mayores. "Cuando uno cuida a un enfermo se puede enfermar más que el enfermo que cuida", advirtió, y detalló que ese desgaste puede expresarse en hipertensión u otros cuadros en personas que antes estaban sanas. Son, dijo, perfiles sobreexigentes que hacen "un trabajo silencioso", pero al que "la cabeza les cobra".

      Poner límites para cuidarse

      Linardi insistió en que ningún ser humano puede estar siempre "al pie del cañón" sin costos. Recordó el mandato social de la "buena madre" que nunca puede descansar y subrayó la importancia de preservarse: "si uno no está bien como madre, sus hijos no están bien".

      El primer paso, concluyó, es reconocer la propia situación y animarse a poner el malestar en palabras, delegar y, si hace falta, abrir una consulta psicológica. "No somos máquinas", resumió, al recordar que habrá días en los que uno pueda y otros en los que no, y que está bien que así sea.

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      • Psicología
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