Cuándo un olvido es una señal de alerta y porqué el psicólogo es el primer paso
En "Ecos del Día" con Javier Novoa, el columnista Fermín Más explica la diferencia entre los olvidos cotidianos por estrés o ansiedad y el deterioro cognitivo real. Señala que con la edad el procesamiento se vuelve más lento de forma normal y que, ante dudas o lagunas mentales, es recomendable acudir primero a un psicólogo para descartar factores emocionales reversibles antes de consultar a un neurólogo.
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No encontrar las llaves, olvidar en qué cuadra quedó estacionado el auto o perder el hilo de una conversación no implican, por sí solos, un problema de memoria. Así lo planteó el psicólogo Fermín Mas en su columna en LU9, donde trazó la diferencia entre los olvidos propios de una vida con estrés y múltiples tareas, y el deterioro cognitivo que sí requiere seguimiento clínico.
El especialista fue directo con quienes llegan al consultorio asustados por una laguna mental: antes de pensar en una enfermedad neurodegenerativa, hay que descartar que se trate de ansiedad, estrés o simple sobrecarga. "Un olvido es parte de lo normal", resumió, y aclaró que el cuadro recién enciende una alarma cuando se vuelve sistemático y empieza a afectar el funcionamiento cotidiano.
Qué es un olvido normal y qué es una señal de alerta
Mas explicó que la atención y la memoria son funciones cerebrales que dependen del estado de la conciencia: si la mente está dispersa o procesando "veinte cosas a la vez", es esperable que se generen distracciones. En esos casos, sostuvo, "si no estás prestando atención es más desgastante" y aumenta el riesgo de errores.
El psicólogo señaló que el envejecimiento normal trae aparejado un procesamiento más lento, y que eso también forma parte de lo esperable. La diferencia, advirtió, está en la frecuencia: no es lo mismo no recordar dónde quedó una herramienta usada hace dos meses que olvidar el propio nombre. Cuando el olvido deja de ser ocasional y se vuelve un patrón, "hay que preguntarse qué está pasando".
Por qué la primera consulta debería ser con el psicólogo
Uno de los puntos centrales de la charla fue el orden de las consultas. Según Mas, "la mayoría de las personas lo hacen al revés" y arrancan por el neurólogo, cuando lo recomendable es empezar por el psicólogo o el neuropsicólogo.
El motivo es clínico: se trata de un diagnóstico diferencial que se construye descartando, y conviene empezar por lo menos grave y más reversible. El psicólogo, explicó, puede determinar si el problema responde a ansiedad, estrés o a una "seudo demencia", cuadros que mejoran con tratamiento. Recién si se detecta un patrón fuerte de disfunción corresponde derivar al neurólogo para evaluar una posible base cerebral.
Para hablar de una demencia, aclaró el especialista, tiene que haber una lesión cerebral de base, dentro del conjunto de enfermedades neurodegenerativas. No es lo mismo, insistió, que una distracción por estar "tapado de trabajo": en ese escenario, a veces alcanza con bajar el ritmo unos días para notar una mejora.
El cerebro en "modo automático"
Otro fenómeno habitual que mencionó Mas es la automatización de tareas. Cuando una actividad se repite —manejar un auto, recorrer siempre el mismo camino al trabajo— el cerebro deja de prestarle atención plena para ahorrar energía. De ahí la conocida sensación de "no sé cómo llegué".
El psicólogo lo explicó con el aprendizaje: al principio, manejar exige concentrarse en los pedales, el volante y los espejos, pero con los años se vuelve un proceso automático que libera la mente para otras cosas. Esa misma automatización, advirtió, también puede provocar pequeños descuidos en el tránsito cuando se circula con la cabeza en otro lado.
Estrategias y "truquitos" para la memoria
Lejos de plantear un panorama alarmante, Mas compartió herramientas concretas para organizar la memoria. La primera es metodológica: guardar siempre los objetos —llaves, cargadores— en el mismo lugar para no perderlos.
La segunda apunta a romper la rutina justamente para evitar el "piloto automático": cambiar el recorrido habitual obliga al cerebro a volver a prestar atención. A eso sumó las estrategias mnemotécnicas, como asociar datos difíciles a frases fáciles de recordar, y recursos cotidianos como sacarle una foto a la esquina donde se dejó el auto. Nada de eso, aclaró, tiene carácter patológico ni clínico.
Cuándo el tratamiento es necesario
Finalmente, el especialista precisó qué ocurre cuando el diagnóstico sí es de deterioro cognitivo, algo frecuente en personas de edad mediana. En esos casos, la indicación habitual es la estimulación cognitiva, orientada a reducir el riesgo de avanzar hacia una zona de demencia, donde el deterioro es más significativo. Si el cuadro progresa, el tratamiento pasa a ser más específico según la severidad.


