Dejá de correr, volvé a ser el dueño de tu tiempo: columna de Matías Pérez Rosso
En "Tarde para Armar" con Maricel Lopez, el columnista y tecnólogo Matías Pérez Rosso, habló sobre la tecnología, y las ventajas y desventajas que ha traído a los humanos.
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La promesa de la tecnología era darnos más tiempo libre. Según planteó el columnista Matías Pérez Rosso en LU9 Mar del Plata, ocurrió exactamente lo contrario: la vida se aceleró, el ocio quedó en falta y el estrés se convirtió en "la gran epidemia del siglo XXI". Bajo el título "Deja de correr: volvé a ser el dueño de tu tiempo", el analista repasó estudios sobre el impacto de lo digital en la vida cotidiana y dejó una serie de sugerencias concretas para recuperar el control del día.
El punto de partida, contó, fue una frase de un sociólogo español que leyó mientras preparaba la columna: "lo digital fue una promesa traicionera". La idea, resumió, es que "la tecnología llegó para mejorarnos la vida y lo que hizo fue quitarnos el tiempo". A partir de ahí, aseguró, empezó a rastrear investigaciones —entre ellas, dijo, una de la Universidad Nacional de Mar del Plata— que apuntan a una progresiva pérdida de la capacidad de tener tiempo ocioso.
Una promesa que se dio vuelta
Pérez Rosso recordó que la tecnología prometía optimizar los procesos de la vida diaria, sobre todo en el trabajo y el estudio: acelerar tareas para que quedara más tiempo libre. "Esa era la idea y era la gran ilusión", planteó. Sin embargo, sostuvo, "sucedió todo lo contrario".
El resultado, según su análisis, es una notoria pérdida del tiempo de ocio acompañada de estrés, ansiedad, insomnio y hasta cuadros depresivos, además de una tendencia a la "deshumanización" en el trato cotidiano.
Acelerados y desconectados del otro
Para el columnista, correr todo el día tiene un costo concreto en los vínculos: "dejamos de ver nuestro alrededor" y de empatizar con el otro, describió. Puso ejemplos simples, como querer que en el comercio "me den las cosas rápido" para irse, o no tener tiempo para escuchar en casa lo que le pasa al otro.
Buena parte del problema, señaló, es que se rompieron los límites de lo laboral. Hoy un mensaje de trabajo puede llegar "a cualquier hora" y se instala la obligación de contestarlo, aun cuando la jornada terminó hace horas. Esa presión permanente, advirtió, genera más irritabilidad y desconfianza. Y así proliferan conceptos como la "pobreza del tiempo" y la idea del tiempo como el bien más preciado, por encima de lo material.
La multitarea que suma errores
Otro eje de la columna fue la multitarea. Pérez Rosso planteó que hacer varias cosas a la vez —contestar mensajes mientras se cocina, revisar el celular en el transporte, escuchar a los hijos y trabajar en simultáneo— no rinde: "aumenta los errores indefectiblemente".
Ese "no deberíamos estar haciendo dos cosas a la vez", dijo, deriva en la sensación de hacer algo sin registrar que se lo está haciendo, y en el consecuente cansancio y bronca. Por eso sostuvo que "bajar un cambio empieza a ser un lujo necesario y no un capricho".
"Estoy hasta las manos": una frase para desarmar
El columnista puso el foco en una expresión que, dijo, se volvió socialmente bien vista: "estoy hasta las manos". Estar siempre ocupado, planteó, empezó a leerse como un valor —"esa persona está full, está muy bien"—, cuando en realidad, sostuvo, muchas veces indica lo contrario: que "la está pasando muy mal".
La propuesta, aclaró, no es señalar lo que "se debería hacer", porque a él mismo le pasa, sino tomar conciencia: registrar cuándo la adicción al trabajo y a las responsabilidades dejó de ser un logro para transformarse en un problema, y "hacer algo para que eso cambie".
Ocio, respiración y límites: las sugerencias para recuperar el tiempo
Sobre el cierre, Pérez Rosso reivindicó el ocio como fuente de creatividad —"la creatividad sale del ocio", afirmó— y dejó una serie de recomendaciones para quienes quieran empezar a bajar un cambio:
- Reservar, si se puede, entre 20 y 30 minutos de siesta para que "el cerebro se resetee".
- Cuidar el momento de la comida y comer tranquilo, sin contestar mensajes.
- Practicar respiración consciente cuando se percibe la aceleración: "listo, tranquilizo, respiro".
- Mover el cuerpo —caminar, correr, andar en bici— para desacelerar y desconectar la cabeza.
- Poner límites horarios y avisar que, fuera del horario laboral y salvo urgencia absoluta, se responde al día siguiente.
- Evitar el celular en los ámbitos sociales, un hábito que, señaló, en otros lugares del mundo ya se considera de mala educación cuando el teléfono está sobre la mesa.
"La tecnología llegó supuestamente para ayudarnos, pero hicimos que se acelere todo mucho más", cerró. La clave, según Pérez Rosso, es tomar conciencia y construir "pequeños hábitos" que permitan bajar un cambio y entender que "estar hasta las manos no está bueno".


