Del "Chatbot" al agente de IA: columna de Federico Álvarez Larrondo
En diálogo con "Ecos de Mañana", programa que se transmite de 7.30 a 9.30 horas por LU9 Mar del Plata, el columnista y abogado especialista en Inteligencia Artificial, Federico Álvarez Larrondo.
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Los agentes de inteligencia artificial ya pueden navegar, comparar y hasta comprar en nombre de los usuarios, y esa capacidad abrió una disputa entre las empresas tecnológicas y las grandes plataformas de comercio electrónico. Así lo explicó Federico Álvarez Larrondo, especialista en inteligencia artificial, en su columna en LU9 Radio Mar del Plata.
El especialista sostuvo que el avance de estas herramientas exige que los Estados creen estructuras capaces de controlarlas y no solo normas declarativas. “No podemos dejar en manos de ocho mentes la suerte del resto de la humanidad”, advirtió.
Una IA que trabaja en las pestañas del navegador
Álvarez Larrondo recordó que la inteligencia artificial es parte de un proceso histórico. Sin embargo, marcó un punto de quiebre: “a partir de 2023, la IA ya no era solamente algo de las empresas, sino que empezó a intervenir en nuestras vidas”.
En ese marco, destacó que OpenAI actualizó la extensión de ChatGPT para Google Chrome, el buscador que, según indicó, usa el 92% de los argentinos. Con esta herramienta, la IA puede recorrer las pestañas abiertas en la computadora y analizarlas por pedido del usuario.
Puso como ejemplo la compra de una computadora: el agente revisa las páginas que el usuario está viendo y hace las comparaciones. “Ya no vamos a tener que pegarle las características de cada una para que lo analice y después te diga cuál es la mejor”, explicó.
Y anticipó lo que viene: “el siguiente paso es el de poder comprar, es decir, que la IA pueda comprar”.
Por qué Amazon bloquea a los agentes de IA
Frente a ese escenario, el columnista señaló que las plataformas empezaron a bloquear a los agentes cuando intentan operar en representación de los usuarios. Amazon es el caso más visible.
Según detalló, la empresa argumenta razones de seguridad: teme que estos sistemas puedan meterse en sus plataformas, hackear accesos, alterar información o introducir virus.
Pero Álvarez Larrondo apuntó a un segundo motivo, vinculado al negocio. Explicó que una de las grandes fuentes de ingresos de Amazon es vender productos que el cliente no pensaba comprar y comercializar, mediante publicidad, los datos sobre lo que cada persona mira y elige. Por esa vía, la compañía generó casi 68.000 millones de dólares el último año.
El problema, según el especialista, es que el agente no se comporta como un humano: cumple la instrucción recibida y nada más. “Por más que le muestren un mouse, le muestren lo que le muestren, nunca va a comprar nada más porque su función se agota en aquella instrucción que le hemos dado”, graficó.
Así, la empresa pierde la posibilidad de vender productos accesorios y también los comportamientos humanos que le permiten predecir consumos. “Aquí se mezclan dos argumentos: el argumento de seguridad, que tiene cierta razonabilidad, y el segundo, que es el de proteger el nicho que tienen hasta el presente”, resumió.
El ministro de IA británico y la lección de 1833
Para Álvarez Larrondo, es allí donde se vuelven necesarias las regulaciones. Destacó que varios países, unos cinco según su estimación, ya crearon ministerios dedicados exclusivamente a la inteligencia artificial, algo que interpretó como “una maduración” de las estructuras estatales.
Se refirió en particular a un discurso reciente del ministro de Inteligencia Artificial del Reino Unido, Kanishka Narayan, quien comparó el momento actual con la Revolución Industrial: un cambio que generó riqueza, pero también condiciones de trabajo indignas y explotación infantil.
El funcionario recordó la ley de fábricas de 1833, que creó un cuerpo de inspección con apenas cuatro inspectores. Para el columnista, la lección es clara: “no solamente hay que establecer normas como si fueran declaraciones, sino que luego necesitás tener equipos dentro de los Estados que puedan acompañar esos procesos, que puedan entender los desafíos y que puedan fiscalizar”.
Según explicó, el objetivo británico es una IA potente al servicio de la humanidad, que mejore la calidad y la expectativa de vida, pero evitando que “llegue la idea de la superinteligencia haciendo que los seres humanos sean descartables”.
Deepfakes y ocho demandas contra OpenAI
Como ejemplo de los límites que deben poner los Estados, mencionó que la empresa de Elon Musk logró suspender en Estados Unidos una ley estatal que prohibía generar deepfakes, como desnudos falsos de personas reales, invocando la libertad de expresión. Se trata de la norma de Minnesota, frenada de manera temporal por un tribunal de apelaciones a pedido de xAI.
También se refirió a las demandas que presentaron ocho estados norteamericanos contra OpenAI. Según explicó, cuestionan que ChatGPT no regula con claridad el acceso de adolescentes y que, por la confianza que el usuario deposita en la herramienta, puede dar “consejos que no están auditados ni validados por nadie”.
La empresa niega las acusaciones y asegura que tiene recaudos. “El tema es que no está claro cuáles son esas herramientas que están utilizando para evitar el impacto en los menores”, planteó el especialista.
Y concluyó: “esto no es una cuestión de normas, es una cuestión de estructuras operativas” de los Estados, que no sean burocráticas sino “inteligentes”.
“Ni el rifle ni el martillo se disparan solos”
Ante la comparación de la IA con herramientas que pueden usarse para el bien o para el mal, Álvarez Larrondo compartió el diagnóstico, pero marcó una diferencia: “ni el rifle ni el martillo se disparan solos, siempre hay un humano que toma una decisión”.
En cambio, explicó que se trata de estructuras “que pueden tomar decisiones por sí solas, no porque tengan conciencia”, sino porque fueron entrenadas para alcanzar “de la forma que sea” el resultado propuesto.
Para ilustrarlo, planteó que si se le ordena a un sistema capturar un pato que se escapó y no encuentra otra manera, podría considerar que tomar un arma y dispararle “puede ser una opción viable”. “Esa decisión la tomó el modelo, no la tomamos nosotros”, remarcó.
Meta entra en la carrera y la advertencia sobre seguridad
El columnista señaló que Meta aparece como un nuevo competidor fuerte, con el lanzamiento de versiones más potentes de sus modelos Muse, capaces de crear agentes que trabajan en las computadoras de los usuarios.
En ese sentido, pidió precaución: no se trata solo de descargar el agente y dejarlo actuar, sino que “hay que tener muchísimo cuidado con el uso y las autorizaciones que le damos para que se conecten con otras aplicaciones”.
Además, advirtió que muchos influencers que promocionan estas herramientas “muestran lo bueno” pero no hablan de las medidas de seguridad.
¿Qué inteligencia artificial conviene pagar?
Consultado sobre qué aplicación de IA recomienda contratar, respondió que depende del uso. “Estamos teniendo lanzamientos de modelos nuevos cada más o menos 10 días”, por lo que la mejor opción de hoy puede quedar superada en pocas semanas.
Por eso, aconsejó “primero hacer un diagnóstico de qué es lo que uno quiere hacer con esa herramienta”: redactar, automatizar procesos o trabajar con cálculos. Recién después, elegir entre las opciones disponibles, que incluyen modelos norteamericanos, chinos o la francesa Mistral.


