El momento después de la "corrección": columna de educación con Víctor Palacios
En diálogo con "Ecos de Mañana", programa que se transmite de 7.30 a 9.30 horas por LU9 Mar del Plata, el columnista Victor Palacios, docente y filósofo, compartió una reflexión acerca de la retroalimentación en ámbitos educativos.
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El docente y filósofo Víctor Palacios dedicó su columna semanal de educación y filosofía en LU9 Radio Mar del Plata a la retroalimentación, el momento posterior a la corrección de un examen. Advirtió que muchos educadores lo pasan por alto, cuando en realidad es allí donde la evaluación se convierte en aprendizaje. "Evaluar no es solo poner una nota", sintetizó.
El columnista planteó que una calificación numérica, por sí sola, "indica poco", y reivindicó la devolución personalizada como una parte esencial de la enseñanza. En esa línea, diferenció la evaluación "de proceso" de la evaluación "de producto" y remarcó el peso que tiene la palabra del docente en la autoestima de cada estudiante.
El momento que muchos docentes minimizan
Palacios describió la retroalimentación como "el momento después de la corrección". Según explicó, el proceso educativo no se agota cuando el docente enseña, toma una evaluación y la corrige: "ahí no termina el proceso", porque todavía "hay que comunicar el resultado de esa evaluación".
Advirtió que suele ser una etapa relegada. "Es un momento que se minimiza", señaló, y sostuvo que algunos educadores no le prestan "la debida atención". Para el estudiante, en cambio, es central: es cuando "me comunican cómo me fue". Por eso, dijo, al diseñar una evaluación el docente debe "reservar un momento especial" para la devolución, ya que "no hay enseñanza y aprendizaje sin comunicación".
Por qué una nota no alcanza
Para el columnista, la calificación numérica aislada "indica poco". Lo graficó con un ejemplo: no es lo mismo un examen con errores en todo el desarrollo que otro en el que "todo el procedimiento estaba bien" y el alumno solo "se equivocó en la cuenta". Esa diferencia, dijo, no la refleja un número.
De allí la importancia de los comentarios al margen —los "asteriscos" y anotaciones, graficó— que "enriquecen la devolución y convierten a la evaluación en una verdadera instancia de aprendizaje". El riesgo, advirtió, es que todo quede reducido a "una instancia de medición, de catalogación", que "poco tiene que ver con aprender del error".
Una buena retroalimentación, agregó, genera en el estudiante "un momento de comprensión, de aceptación": ese instante en que "cae la ficha" y logra entender en qué se equivocó y en qué estuvo bien.
Evaluar el proceso, no solo el producto
Palacios distinguió la evaluación "de producto" de la "de proceso". Para explicarlo recurrió a un recuerdo de las clases de educación física y al conocido test de Cooper, donde —sostuvo— la vara se ponía "a la misma altura para todos", sin distinguir el punto de partida de cada estudiante.
Comparó dos casos: un alumno que a comienzo de año daba una vuelta y a fin de año llegaba a doce o trece, frente a un deportista federado que empezaba y terminaba dando la misma cantidad. Con una mirada rígida, dijo, el segundo obtendría la mejor nota; sin embargo, "quien hizo un mejor progreso" fue el primero. Por eso insistió en que "evaluar no es solo poner una nota" y en que una misma calificación puede tener "distinto valor" según el recorrido de cada estudiante.
La palabra del docente, entre el estímulo y el daño
El filósofo vinculó la retroalimentación con la autoestima y con la construcción de la propia imagen. Una buena devolución, afirmó, "permite ir formando vocaciones", porque ayuda al estudiante a descubrir "para esto sirvo, esto me gusta". A la vez, le permite al docente hacer "una meta evaluación" y revisar si enseñó bien.
Sobre el cierre dejó una advertencia sobre el peso de esa palabra que reconoce —o no— el esfuerzo. "Esa palabra es como un arma: puede matar un brote verde o puede alentar y dar alas a lo mejor de nosotros mismos", expresó, y recomendó a los docentes que inician su carrera "prestar atención a este momento clave de la enseñanza".
La mirada desde el aula universitaria
En la charla, el conductor aportó la experiencia de su cátedra, donde el cierre del año incluye una clase abierta con devoluciones. Contó que los alumnos suelen calificar esas correcciones como exigentes —"muy bravas"—, pero valoró que ese ida y vuelta, con el análisis del propio docente incluido, "también es parte de la evaluación".


