Erick Rojas, el tejedor comechingón del poncho para León XIV: "Que llegue la voz nuestra"
En diálogo con "Pasen y Vean", programa que se transmite de 9.30 a 12 horas por LU9 Mar del Plata, Erick Rojas, representante de la Comunidad Indígena La Unión, del paraje Santa Teresita, dio detalles del poncho que confeccionó especialmente para el Papa León XIV.
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Erick Rojas es un joven pastor y artesano de la comunidad indígena La Unión, del pueblo comechingón. Es el autor del poncho que la provincia de Córdoba le va a regalar al papa León XIV durante su visita a la ciudad, prevista para el martes 10 de noviembre. Lo tejió en telar con lana de animales que él mismo cría, hilada a mano y teñida con plantas del monte.
En diálogo con LU9 Radio Mar del Plata, Rojas explicó que el encargo le llegó “de la mano del gobernador”, porque ya le había tejido una prenda al papa Francisco. También aprovechó la entrevista para mostrar los problemas de su comunidad: la falta de agua en verano, la distancia de los servicios de salud y el alto costo de trasladarse.
Un oficio que va de la oveja al telar
Rojas se define como un artesano que hace todo el proceso: cría los animales, hila la lana y teje la pieza final en el telar. Así hizo el poncho que va a recibir el Pontífice.
Según contó, la prenda le llevó “más o menos unos 8 meses”. El hilo tiene que ser “muy fino”, y por eso el trabajo es tan lento. El resultado, en cambio, es liviano: a pesar de su gran tamaño, “el poncho no llega casi a pesar 1 kg”.
El hilo se hace a mano con huso, a partir de una tira que se separa del vellón. Después viene el teñido, siempre con tintes naturales. Rojas mencionó la cáscara de chañar, un árbol de la zona. Según la información oficial de la provincia, los colores se completan con chilca, suico y tronco de piquillín, combinados con los blancos, grises, negros y marrones propios de la lana.
Tres días para teñir la lana
El teñido se hace en caliente y lleva unos tres días. “El primer día hay que hacer hervir el yuyo o la planta, y después al otro día hay que teñir la lana”, detalló el artesano. El tercer día se dedica al enjuague.
Cuidar a los animales le ocupa “todo el día”, así que Rojas teje en los ratos libres. En esos momentos se sienta al telar “a la mañana”, “a la siesta” y “a la tarde”, porque “hay que aprovechar el tiempo cuando está lindo”. La zona es muy seca, así que la lluvia casi no complicó su trabajo.
La comunidad La Unión, en el noroeste cordobés
La comunidad La Unión pertenece al pueblo comechingón y vive en siete parajes contiguos. Rojas vive en el paraje Santa Teresita, junto a gran parte de su familia: sus padres y sus hermanos tienen sus casas en el mismo lugar.
Sobre la presencia de su pueblo en la zona, contó que “supuestamente hay registros de 1700”, aunque aclaró: “Yo lo que sé es que siempre hemos estado acá”. También confirmó que tiene muchos parientes del lado de San Luis.
Para llegar desde la capital provincial hay que pasar por Villa Cura Brochero y después por Villa de Pocho, el pueblo más cercano, que queda a unos 20 o 22 kilómetros del paraje.
Salud y transporte: un viaje de $160.000
La distancia pesa en la vida diaria. Según Rojas, un taxi común hasta el pueblo cuesta 80.000 pesos. Ir y volver por cualquier problema de salud cuesta entonces unos 160.000 pesos. “Y no cualquiera los tiene”, advirtió.
Para dar una idea de ese gasto, lo comparó con lo que se produce en el lugar: equivale a “dos cabritos, dos corderos”. Y resumió: “La salud no es muy buena que digamos”. Cuando le preguntaron qué mejoras espera, mencionó la posibilidad de tener un colectivo.
La lucha por el agua
Según el artesano, el acceso al agua es uno de los reclamos centrales de la comunidad. Rojas sostuvo que hay grandes capitales “casi colindando” con sus territorios que los dejan “sin agua en el tiempo del verano”, incluso “hasta para tomar”. Eso afecta la producción y el desarrollo de las familias.
Explicó que se trata de empresas agrícolas y ganaderas, con grandes extensiones sembradas de papa y alfalfa, que usan el agua para riego y fumigación. Según su testimonio, eso además deja el agua “contaminada”.
Sobre la minería, señaló que hubo pedidos para explorar en la zona, pero que hay una resistencia social importante, “no solamente nosotros como comunidad indígena, sino en general de la población”.
Hoy algunas familias tienen pozo y otras reciben agua que les acercan los municipios. Otras tienen perforación, aunque eso “no significa tener el agua asegurada”, porque la tienen “por algunas horas nomás”. Para Rojas, la solución es construir reservorios: “No es que no llueve; cuando llueve, llueve, pero después no hay en qué guardar”.
“Que llegue la voz nuestra”
Sobre la repercusión que tuvo su trabajo con la visita del Papa, Rojas dijo que espera que esa atención se traduzca en respuestas. “Yo y mi gente esperamos que sea así”, afirmó, y agradeció a los medios, “porque de eso se trata, de que llegue la voz nuestra”.


