Fotógrafo de Quequén recorre la selva africana para capturar la vida silvestre
En diálogo con "Ecos de Mañana", programa que se transmite de 7.30 a 9.30 horas por LU9 Mar del Plata, Matías Belmartino, fotógrafo de vida salvaje, contó su experiencia en Australia y actualmente en África, recorriendo la selva en busca de diversas y exóticas especies.
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El quequenense Matías Belmartino, fotógrafo de vida salvaje, se comunicó con LU9 Radio Mar del Plata desde el Área de Conservación de Ngorongoro, en el norte de Tanzania, muy cerca del célebre Parque Nacional Serengeti. A siete años de haber dejado su ciudad con una mochila al hombro, el viajero relató un recorrido que lo llevó por cinco países antes de llegar a la gran planicie africana que había imaginado desde chico.
Habló desde la entrada del parque, cuando en la Argentina era la mañana y allá caía la tarde. "En mi mejor sueño me imaginé que iba a ser como esto", resumió sobre una experiencia que, dijo, no se comparaba "ni en películas".
De Quequén al mundo con una mochila
Belmartino se define como aficionado a la fotografía de vida salvaje. Su recorrido empezó hace siete años, cuando dejó Quequén rumbo a Suecia con una visa Working Holiday y una consigna abierta: "hoy seis meses, voy un año, veo si me gusta".
Ese primer tramo se complicó en plena pandemia. Contó que, tras un año y medio en Suecia, quedó sin visa y con las fronteras cerradas, en una situación que lo dejó sin poder moverse con libertad. Desde allí siguió a México, volvió a la Argentina para tramitar la ciudadanía italiana, pasó unos meses por Italia y regresó a Suecia, donde trabajó tres años en un parque nacional "bastante aislado".
El itinerario continuó por Estados Unidos, nuevamente México y tres años en Australia, siempre con el mismo método: trabajar, juntar dinero y volver a partir.
El sueño de la infancia
El fotógrafo ubicó el origen de todo en la niñez. Recordó que de chico miraba revistas y le interesaban los animales, con esa idea inicial —tan común, dijo— de querer ser veterinario. Con los años, ese deseo fue mutando.
En ese relato apareció una imagen doméstica: su mamá tomando mate en el patio, escuchando los pájaros. "En ese momento yo miraba solamente mamíferos grandes, no pensaba en algo tan pequeño como un pájaro", admitió. Recién de grande, dijo, empezó a advertir la diversidad de especies que conviven en cada rincón.
Así, el sueño de viajar y conocer culturas se fue combinando con el de recorrer y observar la vida salvaje. "Todo sueño va mutando", planteó.
La otra cara del viaje
Lejos de romantizar su vida, Belmartino insistió en las dificultades. "Está muy romantizado", advirtió sobre el estilo de vida viajero, y describió una rutina de cambios permanentes: "Cada seis meses estoy cambiando de empleador, cambiando de locación".
Contó que en cada destino debe conseguir alojamiento —generalmente una pieza compartida— y salir a buscar trabajo. Recordó que tuvo que armar su primer currículum y presentarse a entrevistas en otro idioma, con los miedos e inseguridades que eso implicó. En los primeros años, señaló, no suele haber nadie acompañando: "Estás como vos contra el resto".
También reconoció el costo emocional de estar lejos de la familia y la resignación de un anclaje más estable. La estabilidad que busca, aclaró, no es la de una casa o un auto, sino una estabilidad emocional que, según dijo, encuentra justamente en el viaje.
Volver a empezar cuantas veces quieras
Uno de los pasajes más personales de la entrevista giró en torno a la reinvención. Para Belmartino, viajar ofrece la posibilidad de reconstruirse: en un lugar donde nadie lo conoce, dijo, cada uno puede decidir quién quiere ser.
Sostuvo que quien vive siempre en el mismo sitio queda atado a una configuración: la cultura, los hábitos y la gente que lo vio crecer esperan cierta fidelidad a "esa manera" de ser. En cambio, al enfrentar nuevos grupos de amigos, nuevos jefes y una vida distinta, aparece la chance de arrancar de cero. "Tenés el puntapié para empezar de nuevo, cuantas veces quieras", afirmó.
La revelación en un arroyo de Australia
Consultado por lo más maravilloso que vio, el fotógrafo eligió no una postal sino un aprendizaje. Explicó que suele instalarse con cámara, trípode y camuflaje durante cuatro o cinco horas, en lo que definió como una "meditación activa" frente a la naturaleza.
La primera vez que lo hizo, en Australia, quedó impactado. Sentado al borde de un arroyo, empezó a observar que unas aves volvían siempre al mismo árbol. Con binoculares descubrió un nido y advirtió cómo alimentaban a sus crías, mientras a su lado otras especies se nutrían de frutos. "Me explotó la cabeza", graficó.
De ahí extrajo una reflexión: "Uno da por sentado que ahí afuera hay cosas, pero no te das cuenta de que también están teniendo su vida". Los animales, planteó, "van a laburar" a buscar su alimento para sobrevivir y sostener a sus crías, en un ciclo del que el ser humano también forma parte.
El mate como bandera
Sobre la mirada del mundo hacia lo argentino, Belmartino contó que la reacción más habitual es afectuosa y curiosa. Recordó que, apenas se presenta, lo primero que le mencionan es "Maradona, Messi, Emiliano Martínez".
Para él, viajar también implica llevar la propia cultura a cada destino. "Somos candombe, somos risas, somos familia, somos alegría", enumeró sobre esa esencia que, dijo, el argentino "argentiniza al 200%" cuando está afuera.
El mate, en ese punto, cumple un rol central. Contó que camina con el termo por Tanzania, Australia, México, Indonesia o Filipinas, y que la gente lo mira con extrañeza. Esa curiosidad, aseguró, abre la puerta a una charla y a mostrar el país: el mate, para él, es "tu pedacito de Argentina".
Dónde seguir su recorrido
Belmartino comparte su trabajo en Instagram (https://www.instagram.com/matbelmar/), donde publica imágenes de la vida salvaje y la naturaleza que va encontrando en cada país. El fotógrafo adelantó que su próximo destino será la Argentina, cuando regrese.


