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      Gustavo Elías, entre el plan de Regionalización, el empresario que no para y el hombre que todos decodifican

      Un mano a mano donde el titular de la UIBB repasó la actualidad y los desafíos de la entidad, pero también situaciones personales que lo pintan de cuerpo entero. La Bahía y la Región que avizora.

      18 de octubre de 2026 | 14:19
      Gustavo Elías
      Gustavo Elías

      El dirigente se siente a pleno.

      Orgulloso, claro, de los 34 años de la Unión Industrial de Bahía Blanca, entidad que preside y que hoy es artífice de esta movida de Regionalización que ya lleva la firma de nada menos que una veintena de municipios.

      El empresario no para.

      Mira con entusiasmo las grandes inversiones que en breve llegarán a nuestro medio. Se adapta a los nuevos tiempos de Inteligencia Artificial. Y no duda en ver a nuestro medio como un nodo de IA aplicada a la producción.

      Pero también profundiza sobre los periodistas, acerca de sus peleas internas –esas contra sí mismo-, sus éxitos y fracasos. Y recuerda un hecho que marcaría a su más estrecho entorno familiar. De esos que calan hondo, Y que, obviamente, también fortalecen.

      Gustavo Elías, más allá del festejo de la UIBB.

      Sin medias tintas. Tal cual es.

      * * *

      La entrevista estaba pactada para las 13.

      Luego se derivó para las 15.

      Al rato, no, mejor a las 17.30.

      Estaba pactada en su casa, toda una fortaleza. Dentro del Barrio Parque Palihue.

      Claro que la hora señalada de golpe pareció desvanecerse.

      “Hola Walter. Me dice Gustavo si podés posponer la entrevista. Está de reunión en reunión”.

      Y bueno. A otra cosa. Pero a los 5 minutos llegó el último mensaje. Ahora sí. “Venite que se desocupó y la quiere hacer ya”.

      A pegar la vuelta, entonces.

      El Turco Elías en su máxima expresión.

      Y bien rodeado. Con su mujer Albertina, su hijo Juani y un amigo de esos íntimos de la casa.

      Hora de grabar.

      -Gustavo, en este nuevo aniversario de la Unión Industrial, un hecho para celebrar seguramente pasa por estos veinte convenios firmados con municipios de la Sexta Sección.

      -Sí, se puede considerar como una movida inédita, fundamentalmente porque Bahía se ha acercado como pocas veces a la Región. La hemos abrazado desde lo formal, ya no sólo desde lo dialéctico, lo discursivo. Las veces que intentamos este acercamiento por H o por B no pudimos lograrlo, nos relacionamos mal. Era una asignatura pendiente transformar a la región política como una región económica.

      -Allá por 2012 se había intentado una gestión que quedó inconclusa.

      -Nos acercamos a las distintas Cámaras y entidades de la región, pero no tuvimos una buena acogida. Quizás no fuimos buenos vendedores de nuestra relación y de nuestra necesidad. Esta vez cambiamos la estrategia. Fuimos a hablar con los intendentes y sus funcionarios de Producción, quienes, al cabo, son los que tienen bien en claro la capacidad instalada de sus distritos, las bolsas de trabajo, sus parques industriales, una mirada integral de cada uno de los municipios. Y así formulamos la idea de un plan de Regionalización donde ponemos al servicio de cada comuna todas nuestras herramientas y departamentos, entre ellos el Centro de Estudios Económicos que realmente es un ámbito de mucha dinámica, informes y capacitación.

      -¿Se trata de articular lo público con lo privado?

      -Claramente. Esa era una gran asignatura pendiente de nuestra ciudad como cabecera de la Región. Generar las condiciones para que los intendentes y sus colaboradores entiendan que Bahía Blanca es también su sitio de pertenencia. Esa ciudad que los contiene y les brinda comunicación. Con una mirada que nos saque de la política partidaria, de la coyuntura. Se trata de una idea-fuerza que nos potencie como Región. Comprender que esto es en conjunto. Individualmente no tenemos la suficiente energía para dar una verdadera batalla por nuestras necesidades.

      -Una cuestión que ustedes han puesto sobre la mesa es refrendar aquello que Bahía Blanca, históricamente, no ha estado a la altura de los requerimientos de su zona de influencia. Por cierta soberbia o, quizás, falta de propuestas como ésta. ¿Es tan así?

      -Se trata de un tiempo pasado que intentamos modificar. Todo pasa por complementarnos. Hay historias que se van modificando a partir de las circunstancias. Antes éramos una ciudad agrícola-ganadera, donde no dependíamos de nada. Una especie de embudo al que llegaba toda la producción. Me refiero a una ciudad que discutía con la industria su progreso. Hoy no hay discusión que valga.

      “Habrá que admitir que hemos tenido diferencias con la industria porque no fue lo suficientemente amigable con la ciudad. Pero ya no caben dudas que somos una ciudad agrícolo-industrial, sujeta a todo lo que viene en materia de comercio internacional, con la Unión Europea, con la necesidad de tener trazabilidad en los productos. Que los productores interpreten que puertas adentro tienen limitaciones para desarrollarse, que existe un mercado potencial extraordinario del que ellos pueden ser parte.

      “Teniendo en cuenta el reciente convenio del Mercosur con la Unión Europea, debemos apuntar a crear un volumen de oferta, de exportación, que nos permita ampliar nuestra plataforma logística. Es una asignatura pendiente. Pero se va a dar cuando haya mercado y cuando tengamos verdaderamente volumen para ofrecer”.

      -Se vienen grandes inversiones en el polo industrial y petroquímico de Bahía Blanca. ¿Qué avizora con la mano de obra que se va a requerir?

      -Justamente ese es un tema prioritario que ya estamos manejando con los municipios, con sus bolsas de trabajo.

      “Capacitar a los trabajadores locales y de la zona para que sean ellos quienes ocupen esos lugares y no trabajadores golondrinos que, concluidas las obras, decidan quedarse a vivir en nuestro medio con todo lo complejo que ello implicaría para la ciudad. Ya nos ha pasado y no debe volver a repetirse”.

      -¿La pelea por la radicación en nuestro Puerto de la planta de GNL dejó sus enseñanzas más allá de la decisión de instalarla en Punta Colorada?

      -Aquella fue una lucha de toda Bahía Blanca, de todas sus instituciones, en la que también estuvimos desde la Unión Industrial. Fue una idea colectiva de una ciudad que salió a pelear por su destino. Y la perdimos por condiciones políticas, no por razones técnicas. De hecho, a partir de allí como que se empezaron a abrir otras puertas y no creo que hayan sido impensadas. Por una cantidad de fortalezas, estamos en un ámbito de ventaja muy superior a lo que ofrece Punta Colorada.

      “Nosotros planteamos la idea de una planta regasificadora en tierra para después llevar a cabo una planta de recuperación, mientras que hoy están hablando de plantas off shore, que nada tienen que ver con una cosa o con la otra".

      -Elías, ¿percibe que su figura crea algún tipo de resquemor, de reticencia al momento de sumarse a sus propuestas que, dicho por usted mismo, en ocasiones plantean salir de ciertas zonas de confort?

      -Yo creo que son procesos, que no llevan un nombre y apellido. Hay que fijarse en lo que fue ocurriendo con el Puerto, del cual fuimos de alguna manera responsables. Fuimos partícipes activos de la creación de nuestro Puerto, de su actual sistema de gobernanza.

      “La realidad es que fuimos actores de una Bahía que fue transformándose, con una burguesía que vivía de una forma y que se transformó en otra emergente, con otra mirada. Y eso fue generando ciertas tensiones. Se demonizaba o se generaban preconceptos. Y bueno, es algo al fin y al cabo normal en todas las ciudades que van transformándose”.

      -¿Siente que es una especie de líder al que resulta complicado seguirle el paso?

      -Puede ser, pero se trata más de una autocrítica hacia adentro que un sentimiento personal de soledad. Quizás por no haber tenido la capacidad de armar equipos que tengan una misma mirada.

      -¿Y esa autocrítica se asume con crudeza o sólo queda en una expresión de momento?

      -Quedate tranquilo. Me la hago y sin contemplaciones. Hay que hacerse cargo de las responsabilidades. No siempre la culpa la tienen los demás.

      -Durante el acto del 34 aniversario de la Unión Industrial, el intendente Federico Susbielles fue muy elogioso hacia su mentalidad emprendedora y claro en cuanto al trabajo que la Unión Industrial viene desarrollando en materia de Regionalización. No dejó de ser un guiño a Gustavo Elías.

      -Creo que pusimos un paraguas superior a las individualidades. En el fondo alberga nuestro espíritu, la necesidad de anexarnos, de armar una región económica que tenga mayor volumen y que no dependamos siempre de La Plata o que nuestras listas o coyunturas se definan a tan larga distancia. Creo que Bahía le da mucho a la Provincia y a la Nación, mientras que no es justa la coparticipación que tenemos en función de los recursos y las riquezas que generamos.

      -¿Cómo le cayó el destrato a nivel nacional de no ser más considerados Zona Fría? ¿No haría falta que nuestros representantes ladren un poco más fuerte?

      -Hemos tenido senadores y diputados nacionales que han defendido el proyecto, pero ya no los tenemos. También ha ido variando la forma de hacer política y de militar. Decir “¡nosotros somos esto. Y esto lo manejamos desde acá!”. Días pasados recordaba a Juan Pablo Baylac y a Dámaso Larraburu. En su momento ellos interpretaron el lugar que tenían y fueron grandes dirigentes. Te digo más: la Ley de Puertos la empujaron ellos dos y hoy nadie se los reconoce.

      “Hoy deberíamos preguntarnos: ¿Cómo hacemos para ir por arriba de la grieta, de las distintas discusiones que terminan siendo vacías de contenido? El tema cloacas. Hay que hacerlas y punto. Seas libertario o peronista. ¿Se entiende?

      -Lo traigo a algo más urbano, hasta de un tinte melancólico para la ciudad. ¿Qué le genera pasar por avenida Cerri y ver la Estación Sud cerrada, abandonada, pronta a derruirse en su estructura?

      -Produce desazón esto de no poder cuidar nuestro patrimonio, el acervo cultural, pero también hay que mirar el contexto. Venimos de dos terribles catástrofes para una ciudad que no tiene recursos suficientes para salir de semejantes trances.

      -¿Y el desastre vial en El Cholo? ¿En las rutas aledañas a Bahía, intransitables? El tema ABSA? ¿Qué nos está faltando para patear las puertas y hacernos oír realmente? ¿Para decir “somos Bahía”?

      -Aseguro que la Unión Industrial lo hace. Y con firmeza. Y desde el municipio se está traccionando también. Algo es muy cierrto: tenemos que ir formando nuevos liderazgos, apostar a la fuerza del conjunto, discutir entre todos las cuestiones que hacen a nuestro futuro. Están naciendo cosas nuevas. Y obviamente ver en qué fuimos fracasando y cómo podemos ir hacia adelante para no reiterar pasos equivocados.

      -¿Qué tema lo mantiene en vilo?

      -Esto de la Inteligencia Artificial, por ejemplo, es un tema que amerita una mirada especial. Consolidarnos como un nodo de esta plataforma aplicada a la producción en todo el sur argentino. Y obvio impulsar todo esto mediante una agenda estratégica que conecte al sector científico, académico, industrial y público, Un enorme desafío. El BahIA Summit 2026 del que fuimos parte fue un gran primer paso.

      -¿Aún le preocupa la inseguridad? Pareciera, erróneamente, que hoy no es un tema central en la ciudad.

      -Creo que se ha trabajado mucho en materia de seguridad, con un montón de actores que han generado un ecosistema que muestra claramente la posición que tiene nuestra comunidad de no querer albergar la instalación, por ejemplo, de ámbitos de narcotráfico.

      -¿Y hay algún reproche que hacer?

      -Sí, que siempre estamos dependiendo de lo que va a decir u ofrecer la cadena política.

      -Un reproche que habría que hacerles a ciertos líderes, esos por allí muy personalistas, es que a la hora del retiro no suelen dejar referentes. No son, digamos, formadores de nuevos dirigentes. ¿Cómo se ve en ese escenario? ¿Después de Elías qué?

      -No, no es después de Elías. Todo pasa por los sistemas que vamos construyendo. Me toca a mí conducir este proceso y estoy contento de que así sea, pero no lo personalicemos. Acá hay un montón de actores que están trabajando para que esto suceda.

      -Su historia se empezó a gestar en un Renault 12, y con varios kilómetros de marcha. ¿Qué recuerda de entonces?

      -El Renault 12 era un Formula 1 (risas). Arrancamos con un DKW, seguimos con un Citroën 2CV, luego un 3CV, un AMI 8. Fueron tiempos de mucho remar contra la corriente, pero también de grandes enseñanzas.

      -¿Qué sensaciones le genera el gobierno de Milei?

      -Hoy tenemos un presidente emergente, con una receta para poder bajar la inflación y por entender que el modelo pasa por dar previsibilidad a las inversiones y no gastar más de lo que ingresa. El hombre está cerrado en esa mirada. Por otro lado, cree que a partir de las inversiones va a llegar un derrame, sustitución de importaciones, nuevas empresas.

      -Pero usted es un hombre de la industria y la industria ha caído de forma vertiginosa en estos últimos dos años.

      -Tampoco nos hemos sabido adaptar ni terminamos de resolver los problemas tanto impositivos como de superposición de impuestos. Creo, quiero creer, en un montón de cosas que van en camino a resolverse.

      “La política, tarde o temprano, con o sin Milei, pondrá las cosas en su lugar. Sigue siendo el ámbito de transformación de las cosas”.

      -¿Usted se avizora dentro de la política?

      -Nosotros somos políticos. Cada entidad hace política. El club hace política. El ámbito en el que nos desenvolvemos no está ajeno a la política.

      -No se haga el distraído. Me refiero a Elías metido en la política real. Legislativa o ejecutiva. Sabe a qué me refiero.

      -No, déjenme donde estoy, que con lo mío tengo mucho de qué ocuparme.

      -¿Y qué pasa con usted? ¿Con el hombre, ya no el empresario?

      -Hoy hablaba de equipo, bueno, yo entiendo a mi familia como un equipo. Que me contiene. Para que obviamente fluya el mejor empresario posible. Es ese equipo que me da el mayor sustento para salir a enfrentar desafíos cada día. Uno, claro, primero pelea contra uno mismo. La pelea por estar mejor, por sentirte parte de un sistema, que tu vecino te reconozca, que seas un tipo exitoso, que tus hijos y tu mujer estén orgullosas de vos, de tu pensamiento, por lo que emprendes, encaras, por tus fracasos, porque no siempre tenés que ser exitoso.

      -¿Y cómo asume cada fracaso, que seguro los ha tenido?

      -Los asumo como debe ser. Con hombría. Los asumo, los analizo. Trato de reconfigurarme, de aprender. Vivimos aprendiendo y nos vamos a morir aprendiendo. Podemos tener hoy más sabiduría que antes, porque los años te dan un poquito más de aplomo, te baja la adrenalina, la ansiedad.

      -A veces hay que pedir perdón...

      -Sí, claro, he pedido perdón. ¡Tampoco muchas veces, ehhh! (risas).

      -Volviendo a la principal pelea que tiene que dar. ¿Entonces es contra usted mismo?

      -En definitiva es contra la carencia, la adversidad, contra poder levantarse, ver cómo podés ser mejor padre de familia, dejarle un legado a los hijos. Es como una autopista, ¿no? Mi gran desafío es que sean libres en lo que cada uno elija hacer, pero también que entiendan el lugar que ocupamos. Para la familia es una mochila todo esto. Cada uno aprende y mira las cosas desde lo que le tocó vivir.

      -Hubo un momento muy neurálgico que atravesar. ¿Realmente pensó en irse a vivir afuera del país tras aquel duro momento de inseguridad?

      -Hoy mismo mi familia podría decirme: ‘che, ¿qué estamos haciendo acá? ¿Por qué no nos vamos a vivir a Miami? Es un tema que ya lo hemos hablado antes de comprar el diario (“La Nueva.”), tras aquel hecho muy desgraciado, cuando nos asaltaron. Yo enmarco aquello en la pelea contra el narco y las posiciones que habíamos adoptado contra ese flagelo. Con mi mujer (Albertina) decidimos irnos, pero mis hijos no quisieron. Y como no se quisieron ir, los senté en aquella mesa (la señala con su dedo índice) y les dije: ‘todos ustedes se quieren quedar en Bahía. Bueno, papá va a pelear por una mejor realidad para Bahía’. Con lo cual esto parte del conjunto que hoy me acompaña. Como el equipo que tengo en el Medio, más allá de que a veces tengamos miradas distintas.

      -Justamente, ¿cuál es su mirada sobre los periodistas? Y voy más allá: De “sus” periodistas.

      -Yo les digo a ustedes que tienen que reconfigurarse, pero debo admitir que están formados para ser periodistas, para ser el puente entre el poder y la gente. Y tienen todo el derecho de explicarle a la gente lo que entienden desde su lugar. Pero les reitero: ‘muchachos, debemos tener un ecosistema más fuerte, tenemos que construir, porque destruir por destruir no funciona’. A veces quiero resetearlos y eso también tensiona. “Una vez les dije: ¿cómo que no venden? “No, el periodista no vende”, me respondieron. ‘Uyyy’, me dije. ‘¿Qué pasó acá? Me equivoqué’. Quiero modificar ese razonamiento, tratar de buscar un camino distinto porque la actividad está en crisis. También es cierto que cuando el periodista vende o trata de hacer determinadas cosas, genera compromisos que van en contra de su propio laburo. Con lo cual, bueno, todo eso también tensiona como dueño de un Medio.

      -¿No estará arrepentido de haber comprado “La Nueva.”?

      -Al contrario. No solamente no estoy arrepentido, sino que aún recuerdo el día que terminé de firmar. Bajé y les dije: “Señores, acá tienen al tipo que ustedes criticaban. No tenemos una vida hacia atrás, pero creo que tenemos una vida juntos. Charlemos”. Y eso fue lo que pasó.

      “Y no modifiqué a nadie, tampoco traje a nadie de afuera. Mi gran desafío era hacerle ver a ustedes lo que yo entendía, cuál era el nuevo rol que teníamos que tener”.

      “Y acá estamos todavía. Todo esto requiere tiempo”. 

      -¿Y el paso del tiempo le preocupa?

      -Y... me preocupa porque no me dan los años suficientes para poder seguir transformando. Pero el gran desafío es que los que me vayan a suceder tengan una lógica sino similar, al menos parecida. Ese, claramente, sería un buen legado.

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