La elección vocacional en tiempos de IA: columna de Matías Pérez Rosso
En "Tarde para Armar" con Maricel López, el columnista Matías Pérez Rosso, tecnólogo, habló sobre las nuevas generaciones y cómo trabajar la elección de una futura vocación en tiempos de la Inteligencia Artificial y tecnologías.
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Elegir qué estudiar a los 17 años siempre fue un momento difícil, pero la irrupción de la inteligencia artificial sumó una capa de incertidumbre: carreras nuevas que aparecen, otras que están en tensión y el temor a ser reemplazado por una máquina. En su columna en LU9 Radio Mar del Plata, el especialista Matías Pérez Rosso propuso desdramatizar esa decisión y entenderla como un proceso de largo aliento, "para fondistas", que puede revisarse a cualquier edad.
Pérez Rosso planteó que la elección vocacional está atravesada por las expectativas familiares y por un escenario laboral que cambia de manera vertiginosa. Frente a esa presión, propuso un cambio de enfoque: dejar de buscar el plan perfecto y empezar a descartar, conocerse y trazar un rumbo, aunque ese rumbo se modifique con los años.
El especialista remarcó que hoy la oferta educativa es mucho más amplia que en otras épocas —cursos cortos, formación virtual y presencial, tecnicaturas, títulos intermedios— y que esa diversidad, si bien abre puertas, también puede volver la decisión más frustrante. Por eso ofreció una guía con pasos concretos.
Primer paso: descartar lo que no gusta y pensar el estilo de vida
El primer movimiento, según Pérez Rosso, es revisar aquello que uno no quiere hacer: "vamos a descartar aquello que sinceramente no me voy a dedicar nunca". El objetivo es achicar la lista de opciones y sacar del medio los mandatos familiares, ese "porque es el hijo del doctor, tiene que ser doctor", que muchas veces condiciona la elección.
A ese descarte el especialista le sumó un ejercicio clave: imaginar qué estilo de vida se quiere. Trabajar en una oficina o en la calle, de forma presencial o virtual, para una empresa o de manera independiente. "Imaginarse si realmente me gusta trabajar presencial todos los días de 8 a 5", graficó, como manera de aterrizar la profesión ideal a la vida real.
Segundo paso: en qué soy bueno (que no es lo mismo que la pasión)
El segundo punto, advirtió, exige sinceridad: preguntarse en qué se es bueno, y no en qué se tiene pasión. Para Pérez Rosso "son dos cosas diferentes". Puso un ejemplo: alguien puede soñar con ser ingeniero de la NASA por amor a las estrellas, pero debe evaluar el contexto, el camino a recorrer y tener siempre un plan alternativo, porque "no siempre se da".
Detectar las propias habilidades, sostuvo, permite disfrutar del progreso. Cuando uno avanza en algo en lo que se siente cómodo, percibe los logros y eso alimenta las ganas de seguir creciendo. Hacerlo en un terreno ajeno, en cambio, vuelve el esfuerzo cuesta arriba.
Tercer paso: tener un norte, aunque el plan no sea perfecto
El tercer paso es más estratégico: definir un rumbo. El especialista insistió en que no hace falta el plan perfecto, porque "si esperamos a que llegue el plan perfecto, no llega nunca". La clave es dar el primer paso y saber cuál es el norte, para no perder tiempo y energía ante las múltiples tentaciones —una carrera que "está buenísima", un curso atractivo— que aparecen en el camino y desvían del objetivo.
La duda existencial y los cambios de carrera
Pérez Rosso anticipó un cuarto momento, "durísimo": la duda existencial. Tarde o temprano, dijo, llega el "me equivoqué" o el "terminé decidiendo lo que mamá quería". Eso puede aparecer cerca de los 20, con un cambio rápido de carrera, o más adelante, en lo que llamó la "crisis de los 40", cuando uno siente que necesita nuevos desafíos y todavía tiene "media vida por delante".
Sobre su propia experiencia, el especialista contó que terminó su última carrera universitaria a los 42 años —la tercera— y que a los 20 jamás se hubiera imaginado en ese lugar. "La vida te lleva a que vayas tomando decisiones", resumió. También señaló que ya es común ver a padres que retoman estudios cuando sus hijos entran a la facultad, en muchos casos en carreras que nada tienen que ver con su primera elección, "porque el mundo cambia vertiginosamente y nosotros cambiamos con él".
El éxito a los 20 es un mito de las redes
El especialista dedicó un tramo a desmitificar la idea del éxito temprano. Las redes muestran al joven que inventó una startup y se hizo millonario a los 21, pero esos casos, advirtió, son un porcentaje muy bajo y muchas veces habría que revisar "si realmente sucedió así como lo cuentan".
En ese punto citó un estudio del MIT que, según indicó, demuestra que el éxito en los emprendimientos se da más en personas de entre 45 y 50 años que en jóvenes de 20 a 25. La investigación a la que aludió, encabezada por el economista Pierre Azoulay (MIT) junto a la Oficina del Censo de Estados Unidos, analizó 2,7 millones de fundadores y concluyó que la edad promedio de quien funda las empresas de más alto crecimiento es de 45 años, contra la imagen difundida del emprendedor veinteañero. El mensaje, para Pérez Rosso, es esperanzador: muchos encuentran lo que los hace felices laboralmente bastante después de lo que creían.
Vuelven los oficios y las empresas miran qué sabés hacer
Para el especialista, el sistema educativo "se desestructuró" y hoy conviven la universidad, el terciario, las tecnicaturas y los cursos cortos, con una mirada mucho más benévola hacia los oficios. Recordó que durante años existió cierta "vergüenza" en decir que se tenía un título terciario, algo que —celebró— quedó atrás.
Pérez Rosso aseguró que en los departamentos de Recursos Humanos de grandes empresas ya no se mira tanto el currículum ni dónde se recibió la persona, sino lo que sabe hacer y cómo resuelve un problema concreto. En ese escenario, ganaron peso las habilidades blandas: compañerismo, trabajo en equipo, buena comunicación, manejo del estrés y comunicación asertiva. "Es mejor tener a alguien proactivo, con buena empatía; todo lo demás se forma", planteó.
Equivocarse no es un fracaso
El cierre fue un mensaje directo contra el peso de la frustración. Para Pérez Rosso, equivocarse de carrera "no es un fracaso" y nunca hay que sentir vergüenza por volver a empezar. Al contrario: lo definió como "un valor fabuloso", una señal de que la persona conserva "el fuego para querer hacer algo nuevo".
Por eso, descartó de plano la idea de que "se te pasó el cuarto de hora". "No se le pasa el cuarto de hora a nadie", remató, al sostener que, con energía y ganas, desafiarse a empezar un nuevo camino está bueno a cualquier edad. El gran valor de la vida, agregó, es poder darse la posibilidad de ser "dos cosas totalmente diferentes".


