Monitorean posible brote de peste en Rusia tras la muerte de una trabajadora en un laboratorio
En diálogo con "Ecos de Mañana", programa que se transmite de 7.30 a 9.30 horas por LU9 Mar del Plata, el columnista Dr. Alejandro Ferro, médico clínico e infectólogo, habló sobre la peste y la preocupación por el presunto caso en Rusia.
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El infectólogo Alejandro Ferro aseguró en LU9 que la muerte de una trabajadora de un instituto ruso que investiga la peste no es motivo de alarma para la Argentina. Explicó que hoy la enfermedad se diagnostica y se trata con antibióticos. Para él, la preocupación internacional tiene otra raíz: el temor de que alguien esté trabajando con la bacteria para usarla como arma biológica.
Qué pasó en Siberia
El caso que encendió las alertas fue el de Daria Shipilova, una técnica de laboratorio de 28 años del Instituto Antipeste de Siberia y del Lejano Oriente, en Shelekhov, cerca de Irkutsk. Murió la noche del 2 de octubre en un hospital de esa ciudad con un cuadro de neumonía.
Medios rusos no oficiales dijeron que se había roto un tubo de ensayo y hablaron de peste neumónica. Las autoridades sanitarias rusas lo niegan. Rospotrebnadzor, el organismo de control sanitario, informó que no encontró relación entre la enfermedad y los patógenos que ella manipulaba. Al menos 197 personas quedaron aisladas o bajo observación médica, y hasta ahora ninguna dio positivo de Yersinia pestis.
Desde Estados Unidos, el secretario de Estado Marco Rubio dijo que siguen el caso "de cerca", y el Departamento de Estado le pidió a Rusia que comparta información precisa.
Una enfermedad con historia trágica
Ferro hizo un repaso histórico de la enfermedad. Recordó la llamada peste de Justiniano, en el Imperio bizantino, y la gran epidemia que llegó a Europa en 1346. Según dijo, esa epidemia mató a más de 50 millones de personas, entre el 30% y el 60% de la población europea. La tercera pandemia empezó en China a fines del siglo XIX.
La enfermedad la causa la bacteria Yersinia pestis, presente en roedores silvestres y urbanos. Ferro explicó que en aquellos tiempos las ratas "andaban a sus anchas por todas partes", en los barcos y en las calles, y que la peste llegó a Europa por el comercio con China.
Las tres formas de la peste
El especialista aclaró que la bacteria vive en los roedores, pero que a las personas las infectan sobre todo las pulgas. Así se produce la peste bubónica: un cuadro de fiebre con ganglios muy agrandados, los "bubones", y una mortalidad del 50%.
Cuando la bacteria pasa a la sangre y se disemina, explicó, los dedos de manos y pies se ponen negros. De ahí viene el nombre de peste negra.
La tercera es la peste neumónica, la que se sospecha en el caso de Rusia. Ferro la describió como una neumonía "extremadamente fatal" si no se trata con antibióticos.
Por qué preocupa: el uso como arma biológica
"Es una enfermedad que tiene diagnóstico y tiene tratamiento con antibiótico", aclaró Ferro. Según él, la inquietud mundial viene de que la bacteria ya se usó como arma.
Dio tres ejemplos. En el siglo XIV, el ejército mongol arrojaba cadáveres infectados por encima de las murallas. En la Segunda Guerra Mundial, Japón tiró sobre China bombas con pulgas infectadas. Durante la Guerra Fría, Estados Unidos y la Unión Soviética desarrollaron tecnologías para dispersar la bacteria en aerosol y provocar neumonías masivas.
"Probablemente, no quiero agregar cosas que no sé", aclaró. Sin embargo, sostuvo que el miedo en el mundo es que alguien esté trabajando para hacer un arma biológica. También advirtió que las bacterias pueden modificarse para que resistan a los antibióticos.
"Estamos un poquito alejados"
Sobre el impacto local, fue claro: "No creo que haya motivo de preocupación". Dijo que espera que la Argentina no se convierta en "algún objetivo bélico de este tipo" y que el país está "un poquito alejado, para lo bueno y para lo malo, de donde ocurren las cosas".
Las fosas comunes de Londres
Para cerrar, Ferro contó que en Londres pudo ver fosas comunes descubiertas bajo la ciudad durante obras de construcción. Allí había familias enteras enterradas una al lado de la otra. Según relató, en esos restos se encontraron rastros de la bacteria siglos después.
También mencionó la versión de que uno de los incendios de Londres habría servido para frenar la epidemia. Aclaró que se trata de "rumores que no se pueden comprobar".


