A un año del fallecimiento del Papa Francisco
En diálogo con "Pasen y Vean", programa que se transmite de 9.30 a 12 horas por LU9 Mar del Plata, Agustín Pablo Podestá Brignole, investigador académico de la Universidad del Salvador y miembro de la Sociedad Argentina de Teología, analizó el pontificado del argentino, Papa Francisco; su partida y posterior asunción del Papa León XIV.
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Se cumple un año del fallecimiento del Papa Francisco y su figura continúa generando análisis en los ámbitos académicos y religiosos. Para el investigador Agustín Pablo Podestá Brignole, Jorge Bergoglio será recordado como "uno de los papas más importantes de la historia de la Iglesia", al punto de que, según anticipó, dentro de cien años los manuales de historia eclesiástica hablarán del Concilio Vaticano II y, luego, de Francisco.
El especialista sostuvo que aún no se dimensiona el alcance de las transformaciones impulsadas por el pontífice argentino, quien más que reformas estructurales introdujo una reforma de fondo: modificó "la forma de ser católico en el mundo".
Una reforma de estilo más que de estructura
Podestá Brignole, académico de la Universidad del Salvador y miembro de la Sociedad Argentina de Teología, explicó que Francisco priorizó tres ejes durante su pontificado. El primero, la opción preferencial por los pobres, los marginados y los excluidos, lo que el propio papa denominaba "las periferias". El segundo, una mirada misericordiosa, verbo que, según remarcó el investigador, "no tenemos y deberíamos tener en español" y que además fue lema episcopal y papal de Bergoglio.
El tercer eje, detalló, es el de la sinodalidad: "horizontalizar" una Iglesia históricamente piramidal para avanzar hacia un modelo donde, "cual mesa redonda, nadie está en la cabecera". En esa concepción, sostuvo el teólogo, todos los fieles integran el pueblo de Dios y, aunque con responsabilidades distintas, "todos tenemos voz y voto". El famoso lema "todos, todos, todos" no es, según Podestá Brignole, una frase para repetir, sino "una forma de ser concreta" y una reforma estructural sobre cómo ser católico hoy.
León XIV y la continuidad del legado sinodal
Consultado por el sucesor de Francisco, el investigador consideró que León XIV fue "estratégicamente elegido" dentro del grupo de cardenales designados en el último tiempo por Bergoglio, en lo que entendió como una transición pensada. Se trata de un obispo formado en la orden de San Agustín, doctor en Derecho Canónico, con trayectoria en la Doctrina Social de la Iglesia y casi 20 años de labor pastoral en Perú, lo que le permite conocer de cerca la realidad latinoamericana.
Podestá Brignole recordó que en su primer discurso el nuevo papa definió a la Iglesia como "sinodal", un término que, aunque pasó desapercibido para gran parte del público, resulta clave: "Recoge el guante de Francisco" y expresa la voluntad de continuar con la reforma iniciada. Para el especialista, la formación canónica de León XIV es ideal para la etapa que se abre, porque "ahora la reforma que Francisco impulsó hay que sentarla" en términos institucionales.
Revalorizar la figura de Benedicto XVI
Durante la entrevista, el teólogo también pidió revisar la imagen de Benedicto XVI, a quien consideró injustamente "demonizado" por algunos trascendidos y medios de comunicación. Destacó que el papa alemán, a diferencia de otros antecesores, no esquivó los problemas internos de la Iglesia: "Con el mal no se pacta", resumió, en referencia a la decisión de Ratzinger de renunciar al reconocer que no estaba en condiciones de afrontar ciertas reformas.
En ese punto, Podestá Brignole citó el libro del filósofo italiano Giorgio Agamben sobre la renuncia del papa alemán y subrayó que una de las primeras reformas estructurales que encaró Francisco fue, justamente, la económica: auditorías externas, transparencia y un abordaje directo de la situación del Banco del Vaticano, un trabajo que, entendió, "Benedicto dejó planteado".
"Los demonios están un poco más sueltos"
Al ser consultado sobre qué es lo que más extraña a un año de la partida del papa argentino, el investigador admitió que en lo personal echa de menos "la bergogliada": despertarse con una declaración de Francisco y "todo el mundo corriendo atrás". Señaló que León XIV, por su perfil norteamericano y agustino, es más prudente y "escucha más de lo que habla", mientras que Bergoglio era "más como nosotros, más argentinos" y decía lo que se le ocurría.
Más allá de la anécdota, Podestá Brignole planteó una lectura más grave: sin Francisco, "los demonios están un poco más sueltos, un poco más desatados". Ejemplificó con las guerras actuales, en las que, advirtió, se ha perdido "hasta la capacidad de poder ver a los muertos" y el sufrimiento de las víctimas de genocidios. Aun así, se mostró esperanzado al observar que nuevas generaciones "están tomando la bandera del legado de Francisco". El legado, concluyó, "fue un regalo, un don" que ahora toca a los fieles construir.
El paso de Bergoglio por Mar del Plata
La figura de Francisco también tiene anclaje local. Antes de ser Papa, Jorge Bergoglio pasó por Mar del Plata, en el lugar donde los obispos solían descansar, ubicado en el barrio de Parque Luro o Los Pinares, espacio que actualmente funciona como hogar de descanso para adultos mayores.
Aquel sacerdote que viajaba en subte en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que fue arzobispo porteño, que daba misa en la Villa 31 de Retiro y que resguardó a otros curas cuando aún no era obispo, dejó una huella que, a un año de su muerte, especialistas como Podestá Brignole se encargan de dimensionar en su justa medida: la de una figura ecuménica que, más allá de banderías políticas o futbolísticas, "trasciende cualquier ámbito".


