¿Cómo enseñar funcional para adultos mayores?
En 'Tarde para Armar', programa que se transmite de 13 a 17 horas por LU9 Mar del Plata con Maricel López, Iván Medina, profesor de Educación Física, dio detalles de qué es el entrenamiento funcional y cómo aplicarlo a personas mayores.
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El entrenamiento funcional adaptado para adultos mayores comenzó a dictarse hace un mes y medio en un gimnasio del centro de Mar del Plata, bajo la conducción del profesor de educación física Iván Medina. La propuesta está orientada a personas a partir de los 55 o 60 años y se basa en ejercicios pensados específicamente para ese grupo etario, con la idea de que sean trasladables a las tareas cotidianas.
Las clases se desarrollan tres veces por semana a las 9 de la mañana, con una entrada en calor común de cinco a diez minutos y un trabajo posterior por estaciones. "Trabajamos en seis u ocho estaciones en las que se va rotando por un tiempo determinado y pasan por cada una de ellas, por lo general, entre tres y cuatro veces", detalló Medina sobre la dinámica de la clase, que se completa con descansos pautados entre ejercicios.
Una propuesta específica, no una adaptación
Medina remarcó que no se trata de tomar una rutina convencional y simplificarla, sino de diseñar ejercicios pensados desde el inicio para los adultos mayores. "No es que yo tome un ejercicio de un entrenamiento funcional de una persona joven y lo adapte para las personas mayores, sino que busco que sea específico para ellos y que sea aplicable a su vida cotidiana", explicó.
Para el armado de las estaciones se utilizan elementos del propio gimnasio -barras, discos, cajones de salto similares a steps, mancuernas- y también el peso del cuerpo, con el objetivo de garantizar variedad dentro de la rutina.
Equilibrio, fuerza y constancia: los pilares del trabajo
La propuesta apunta a recuperar capacidades que se deterioran con el paso del tiempo. El profesor señaló como aspectos centrales el equilibrio, la fuerza y la constancia, tres aspectos que "se van perdiendo justamente con la edad". A eso se suma el compromiso de levantarse temprano y sostener la rutina dos o tres veces por semana, algo que destacó como un valor agregado del propio grupo.
En poco más de un mes, ya hay doce inscript-externoos y entre siete y nueve adultos mayores asisten de manera regular. "Vienen de manera regular sin faltar, es casi religioso", graficó Medina sobre el nivel de adhesión.
Resultados rápidos y exigencia que crece
El entrenador subrayó que el primer mes es clave porque el cuerpo comienza a adaptarse y aparecen las primeras mejoras. Los propios alumnos, indicó, le transmiten que ahora realizan tareas cotidianas con menos esfuerzo y mayor agilidad.
Más llamativo aún resulta que son los propios adultos mayores quienes piden subir la dificultad. "Ellos mismos son los que me empezaron a traer la exigencia", reconoció el profesor, que admitió que era su primera experiencia con este grupo etario tras venir de trabajar con niños y adultos jóvenes. Una vez que aumentan la carga, dijo, no la bajan: tienden a buscar más.
Un espacio de pertenencia en el barrio
La ubicación céntrica del gimnasio favoreció que se acercaran vecinos de pocas cuadras a la redonda, muchos de ellos sumados por recomendación de familiares más jóvenes que ya entrenaban en el lugar. La clase de adultos mayores se dicta inmediatamente después de la de funcional para personas más jóvenes, lo que permite que ambos grupos coexistan en el mismo espacio y que la propuesta se visibilice entre los familiares de los socios.
Medina destacó además el componente social: las clases terminan cerca de las 10 y los participantes suelen quedarse otros diez o quince minutos charlando. "Además de venir a hacer una actividad física, vienen a hacer sociales", señaló, y resaltó que ya conocen los nombres y las ocupaciones de sus compañeros, lo que fortalece el vínculo grupal.
Perfiles diversos y derribando prejuicios
Entre los inscript-externoos hay personas con trayectoria deportiva previa -incluso una árbitra de futsal- y otras que hace años no entrenaban o lo hacían de manera intermitente. A quienes dudan en sumarse por vergüenza o por sentirse fuera de estado, el profesor les propuso probar una primera clase sin compromiso. "Que venga, que pruebe", invitó, y aclaró que tanto él como el resto del grupo acompañan en los ejercicios que presentan dificultad.
Para Medina, muchas prácticas están atravesadas por estereotipos sobre qué puede hacer cada edad. Sostuvo que, mientras los ejercicios estén correctamente adaptados, cualquier persona puede realizarlos y obtener un beneficio, sin importar si tiene 20 u 80 años.
Recomendaciones previas y cuidados
Antes de iniciar la actividad, el profesor recomienda una consulta médica, especialmente con cardiólogo, y advierte que los adultos mayores suelen estar más habituados que los jóvenes a realizar este tipo de controles. También aconseja informar al instructor sobre cualquier patología, lesión previa o molestia, ya sea en rodillas, cadera o cuadros de artrosis, para planificar variantes que respeten el estado de salud de cada participante sin resignar el trabajo del grupo muscular involucrado.
En ese sentido, llamó a la sinceridad de los alumnos a la hora de completar la ficha médica y comunicar dolencias, para evitar que un ejercicio termine perjudicando en lugar de ayudar.
Sarcopenia: por qué moverse a cualquier edad
El profesor recordó que, a partir de los 35 o 40 años, comienza una disminución progresiva de la masa muscular, la fuerza, el equilibrio y la flexibilidad, en un proceso natural denominado sarcopenia. La falta de ejercicio físico y una alimentación inadecuada, advirtió, aceleran ese deterioro, que se profundiza entre los 60 y los 70 años.
Por eso, su mensaje final apunta a la importancia de moverse en cualquier etapa de la vida, con la actividad que cada uno elija y siempre con los cuidados correspondientes a la edad y al estado de salud.


