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      El antes y el después para la IA por un juicio de Elon Musk contra Open AI

      En diálogo con "Ecos de Mañana", programa que se transmite de 7.30 a 9.30 horas por LU9 Mar del Plata, el columnista Federico Álvarez Larrondo, abogado especialista en Inteligencia Artificial, habló sobre el litigio que atraviesa a los tribunales del país norteamericano: Elon Musk contra Open AI y cómo los orígenes de la IA generativa.

      10 de mayo de 2026 | 21:00
      El antes y el después para la IA por un juicio de Elon Musk contra Open AI

      En los tribunales del Distrito Norte de California, escenario habitual de los conflictos de Silicon Valley, avanza un juicio que puede marcar un antes y un después en la historia de la inteligencia artificial. Se trata de la demanda que Elon Musk, creador de Tesla y SpaceX, inició contra OpenAI y sus principales referentes, Sam Altman y Greg Brockman, los responsables del desarrollo de ChatGPT.

      El proceso busca determinar si la transformación societaria que llevó adelante OpenAI configuró un fraude a los fines fundacionales del proyecto, y su resolución podría redefinir las reglas del mercado de la IA a nivel global. Así lo explicó el abogado y especialista Federico Álvarez Larrondo en su columna semanal en LU9 Radio Mar del Plata.

      De la ONG al acuerdo con Microsoft

      El conflicto se remonta al origen mismo de OpenAI. En 2015, Musk y Altman fundaron juntos una organización sin fines de lucro destinada a garantizar que el desarrollo de la inteligencia artificial general estuviera "alineado con los intereses de la humanidad" y funcionara como contrapeso frente al avance de Google, conducido por Larry Page.

      Según relató Álvarez Larrondo, Musk aportó cerca de 44 millones de dólares para el puntapié inicial y sumó a otros financistas al proyecto. Durante los primeros dos años, la entidad no logró resultados concretos, hasta que en 2018 apareció el primer modelo de ChatGPT, el GPT-1.

      Fue en ese momento cuando se gestaron las diferencias internas. "Elon se da cuenta de que Sam y Brockman eran para él demasiado jóvenes como para hacerse cargo de algo tan potente", explicó el columnista, y por eso reclamó quedar al frente como CEO. Ante la negativa del resto del directorio, Musk se retiró y, según su relato, también retiró los fondos comprometidos.

      El "capped profit" y el giro hacia el mercado

      Sin el financiamiento de Musk, en 2019 OpenAI buscó cobijo en Microsoft, que aportó 1.000 millones de dólares, no en efectivo sino en infraestructura de nube para alojar sus sistemas. Para concretar ese acuerdo, la organización debió reestructurarse: pasó de ser una entidad sin distribución de ganancias a una sociedad bajo el esquema denominado capped profit.

      Bajo ese modelo, los inversores podían recuperar hasta 100 veces lo invertido, y todo excedente quedaba para la entidad. Álvarez Larrondo destacó la magnitud que pretendía contener ese tope: "si desde el año cero de la humanidad yo pudiese juntar 1.100.000 dólares por día y meterlo en una caja de seguridad, al día de hoy no tendría la fortuna que tiene Elon Musk".

      El punto de quiebre llegó entre 2023 y 2024, cuando OpenAI solicitó transformarse directamente en una sociedad sin tope a las ganancias, manteniendo de manera declamada un objetivo de no fin de lucro. Esa mutación es el corazón de la demanda de Musk.

      La acusación de fraude y la valuación en juego

      Musk sostiene que se trata de un fraude: el proyecto fue creado con una idea de apertura y cuidado, como contrapeso a las grandes corporaciones, y terminó convertido en una megaempresa más del mercado. "Ustedes lo único que hicieron fue valerse de esos argumentos para generar una mega corporación", resumió el especialista al sintetizar el planteo del demandante.

      Si el juicio resulta favorable a OpenAI, hacia fin de año la compañía lanzaría acciones al mercado con una valuación estimada en un billón de dólares. Musk intentó frenar judicialmente la transformación societaria, pero la jueza rechazó esa medida. En segunda instancia, el magistrado Ivonne Rodríguez consideró que existían elementos suficientes para que un jurado popular resolviera la cuestión.

      El juicio comenzó hace dos semanas, y Musk fue uno de los primeros en declarar. La defensa de OpenAI replica que la empresa no tuvo opción: el costo de generar fuentes de datos resulta tan elevado que sin salir al mercado el proyecto era inviable. Además, le recordaron a Musk que él mismo desarrolló su propia inteligencia artificial, xAI con su modelo Grok, y que por lo tanto tiene un interés competitivo directo en el resultado del proceso.

      Brockman, las acciones y los 100.000 millones

      Uno de los pasajes más reveladores del juicio fue la declaración de Greg Brockman, uno de los demandados. Al ser interrogado en el estrado, reconoció que había recibido acciones como parte de su retribución y que, en caso de concretarse la salida al mercado, su ganancia rondaría los 100.000 millones de dólares.

      "Ustedes son todos benefactores, están preocupados por el futuro de la humanidad, pero a la hora de los números reconocen que esta mutación les va a generar ganancias impresionantes", graficó Álvarez Larrondo al describir el cuestionamiento que recibieron los directivos. Cuando se le preguntó a Brockman si tenía un plan para destinar 99.000 millones de esa cifra a la fundación original o si pensaba quedárselos, no supo qué responder.

      ¿Bien público o recurso corporativo?

      Para el columnista de LU9, el verdadero trasfondo del proceso excede la disputa entre Musk y Altman. La pregunta central es si la inteligencia artificial será considerada un bien público -del mismo modo que en su momento lo fue la electricidad, con un marco regulatorio que la define como recurso general aún cuando haya empresas proveedoras- o si quedará en manos de un puñado de corporaciones.

      La propia magistrada que conduce el debate intentó marcar los límites de la discusión judicial. Según relató Álvarez Larrondo, les advirtió a las partes y al jurado: "a mí no me vengan con futurología, vamos a resolver esto, si está bien o no que algo que empezó como una entidad sin fines de lucro ahora haya mutado a esto que la hace una jugadora más del mercado y, para colmo, la más potente de entre todas".

      El especialista alertó sobre la urgencia de que los legisladores intervengan en el debate. "Es tan urgente que los legisladores actúen, por lo menos para empezar a debatir cuál es el objetivo, y que no sea una jueza la que decida si esta sociedad se arma o no", planteó. Mientras tanto, un jurado de ciudadanos comunes deberá resolver una causa que, en los hechos, puede definir el futuro del mercado tecnológico más influyente de la próxima década.

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