Vida, muerte e Inteligencia Artificial: columna del abogado Federico Älvarez Larrondo
En diálogo con "Ecos de Mañana", programa que se transmite de 7.30 a 9.30 horas por LU9 Mar del Plata, el columnista Dr. Fernando Álvarez Larrondo, abogado especialista en Inteligencia Artificial.
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El avance de la inteligencia artificial volvió a instalar un debate profundo: ¿qué significa la muerte en la era digital? La reciente recreación de Gustavo Cerati en un espectáculo impactó al público y expuso no solo el potencial tecnológico, sino también las tensiones emocionales y filosóficas que emergen cuando la tecnología "devuelve" a escena a quienes ya no están.
La experiencia fue contundente. Quienes asistieron describieron la sensación de estar frente al propio Cerati, tocando en vivo, con una presencia que, aunque artificial, resultó emocionalmente real. Esa vivencia, potenciada por recursos visuales y sonoros, reabre preguntas sobre el duelo, la memoria y los límites éticos del uso de la IA.
Una experiencia que conmueve y confunde
El impacto del show no fue solo técnico. Según relataron, la sensación de ver nuevamente al músico fue "increíblemente maravillosa", con momentos en los que parecía realmente presente sobre el escenario.
Esa percepción genera una tensión central: aunque se trata de una representación, la emoción que produce es auténtica. En ese sentido, especialistas advierten que el foco ya no está únicamente en la tecnología, sino en cómo la recibe el público. La IA logra simular emociones, pero es el espectador quien las internaliza como reales.
Duelo, tecnología y nuevas formas de vínculo
Uno de los ejes más relevantes es cómo estas herramientas transforman el proceso de duelo. Mientras algunos plantean que estas recreaciones ayudan a aceptar la pérdida, otros advierten que pueden dificultar el cierre emocional.
En el debate, se plantea que podría estar emergiendo una nueva forma de relación con los fallecidos: una convivencia simbólica mediada por tecnología. Incluso, ya existen desarrollos -principalmente en Asia- que permiten "interactuar" con versiones digitales de personas fallecidas, construidas a partir de datos, mensajes y registros de vida.
Esto abre interrogantes profundos: si una IA puede replicar pensamientos y respuestas, ¿hasta qué punto sigue siendo una representación y no una extensión de la persona?
El negocio de la memoria digital
El fenómeno no se limita al espectáculo. Empresas ya ofrecen servicios para "preservar" la identidad de una persona antes de morir, grabando mensajes, voz y patrones de pensamiento que luego pueden ser recreados mediante IA.
Estos sistemas permiten que familiares interactúen con versiones digitales de sus seres queridos, lo que plantea un escenario inédito: la posibilidad de extender la presencia de alguien más allá de su muerte física.
Sin embargo, esto también introduce un nuevo campo de debate legal: los derechos post mortem. Es decir, la capacidad de una persona de decidir en vida si quiere -o no- ser recreada digitalmente.
Neuroderechos y privacidad mental
En paralelo, el desarrollo tecnológico avanza hacia dispositivos aún más invasivos. Uno de los casos más recientes es la aprobación en China de tecnologías neuronales que permiten a personas con parálisis mover objetos mediante el pensamiento.
Aunque el avance médico es significativo, también enciende alertas: estos dispositivos podrían acceder a información cerebral sensible. De allí surge el concepto de "neuroderechos", que busca proteger la privacidad mental, la identidad y la autonomía de las personas.
Chile fue pionero en legislar sobre este tema, incorporando la protección de datos neuronales en su marco legal. En Estados Unidos, algunos estados también avanzan en regulaciones para evitar el uso indebido de esta información.
Un futuro sin límites claros
El debate ya no es futurista: está ocurriendo ahora. La combinación de inteligencia artificial, datos personales y tecnologías neuronales redefine no solo la relación con la muerte, sino también con la identidad y la privacidad.
Mientras tanto, la adopción social avanza más rápido que las regulaciones. Como se plantea en la discusión, muchas personas aceptan condiciones tecnológicas sin dimensionar el alcance de lo que entregan.
El desafío, coinciden los especialistas, es establecer límites claros antes de que la tecnología avance más allá de lo que la sociedad está preparada para comprender.


