¿Qué pasa cuándo estamos tristes y no encontramos con quién compartirlo?
En diálogo con "Pasen y Vean", programa que se transmite de 9.30 a 12 horas por LU9 Mar del Plata, la columnista Alejandra Linardi, Licenciada en Psicología, habló sobre el estado de tristeza y cómo trabajarlo cuando estás solo.
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Estar triste es un sentimiento universal, pero encontrar con quién compartirlo no siempre resulta sencillo. Así lo planteó la psicóloga y psicoanalista Alejandra Linardi en su columna semanal en LU9, donde advirtió que la tristeza que no se pone en palabras se acumula y termina afectando la salud. "El agua estancada se pudre", graficó.
La especialista aclaró que no se trata de "dar un parte" diario del estado de ánimo, sino de reconocer que callar de manera sistemática lo que nos pasa nunca queda sin consecuencias. "No quedás ileso", resumió, y remarcó que el solo gesto de compartir —aun cuando el problema no tenga solución— ayuda a ordenar y aliviar.
Una tristeza que no siempre tiene una causa clara
Linardi señaló que la tristeza no siempre responde a un hecho puntual. Existe, explicó, una "tristeza difusa": días en los que uno se levanta mal o atraviesa "dramas existenciales" vinculados al trabajo, la convivencia o la propia vida. En todos los casos, sostuvo, la dificultad aparece a la hora de poder decirle al entorno que uno está triste.
El entorno no siempre sabe escuchar
La psicoanalista repasó las distintas respuestas que suele recibir alguien que está mal. En la familia, advirtió, no se puede "hacer cargo a un niño o a un adolescente" de las propias frustraciones, porque termina siendo el hijo el contenedor de sus padres. Entre amistades, en cambio, aparece la invalidación: el clásico "no es nada, hay cosas peores" que tapa el problema por un rato.
También apuntó a la pareja, una de las grandes quejas en la consulta. Muchas personas "no saben qué hacer" cuando el otro está triste, aunque estén preocupadas. "Hay gente que frente al dolor del otro trata de neutralizarlo o decir alguna palabra como para hacer un cierre", describió.
Saber a quién, qué y cómo contar
Para Linardi, comunicar la tristeza "es toda una estrategia" ligada a la inteligencia emocional. "Uno tiene que saber a quién contar y qué contar y cómo contarlo", planteó, y advirtió que "no todas las personas que nos quieren son interlocutores válidos". A veces, agregó, la palabra justa llega incluso de un desconocido.
La especialista aclaró que el objetivo no es que el otro ofrezca una solución, porque "hay tristezas que no tienen solución", como la muerte de un ser querido. Lo importante, dijo, es "poder ponerlo en palabras, ordenarlo en la cabeza y compartir esa tristeza", aunque el otro se limite a escuchar.
Qué pasa cuando la tristeza se acumula
El punto central de la columna fue el riesgo de guardarse todo. Acumular tristeza durante mucho tiempo puede derivar en "insomnio, ansiedad, ataques de pánico, enfermedades físicas importantes", enumeró. "La tristeza tiene un efecto acumulativo", subrayó, y recurrió a su comparación habitual: el agua estancada se pudre. Por eso, insistió en que "por algún lado hay que drenarlo", sin esperar que compartir sea, en sí mismo, la solución.
El peso cultural: cuesta decir "hoy no estoy bien"
Linardi remarcó que todavía cuesta hablar de salud mental en el terreno social. Socialmente se acepta faltar a un compromiso por un síntoma físico —"amanecí descompuesto"—, pero no por un motivo emocional. "No está muy naturalizado decir: estoy teniendo un día fatal", observó. La respuesta más frecuente, cuando alguien se anima, suele ser el "venite un rato aunque sea", que vuelve a minimizar lo que le pasa a la persona.
También advirtió sobre quienes minimizan su propia tristeza por considerarla "una boludez" frente a los problemas de los demás. Esa "autocensura" de los sentimientos, alertó, "nunca queda en la nada" y tarde o temprano produce síntomas físicos o psicológicos.
Redes sociales y soledad: un vínculo cada vez más frecuente
Consultada por quienes eligen contar su estado de ánimo en redes sociales, la psicoanalista consideró que puede ser un canal "válido", que muchas veces suplanta el hablar cara a cara con la expectativa de que alguien pregunte o escriba en privado. Sin embargo, marcó que las redes "tienen usos y abusos" y que exponer permanentemente las emociones puede cansar al entorno.
Detrás de esa necesidad, ubicó un problema de fondo: "Vivimos hoy muy solos en general, aunque estemos rodeados de gente". En ese escenario, sostuvo, muchas personas recurren al psicólogo justamente por ser un espacio de escucha, algo cada vez más habitual "en sociedades donde hay mucha soledad".
"Nadie puede huir de sí mismo"
Para cerrar, Linardi dejó una recomendación para quienes no logran comunicar lo que sienten: entender que sostener ese silencio "es riesgoso" y, si se transforma en una forma de vida, considerar una consulta profesional. Y lo graficó con una imagen: cuando uno se va de viaje se lleva las maletas, pero los problemas no se pueden dejar atrás. "Nadie puede huir de su propio cansancio, de sí mismo. Eso hay que trabajarlo", concluyó.


