Síndrome del Impostor vs efecto Dunning-Kruger: columna de Matías Pérez Rosso
En "Tarde para Armar" con Maricel Lopez, el columnista y tecnólogo Matías Pérez Rosso habló sobre el Efecto Dunning-Kruger y salud mental, que puede dar lugar al síndrome del impostor , es decir, la persistente sensación de ser un fraude.
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El efecto Dunning-Kruger y el síndrome del impostor no son condiciones de otros: conviven en una misma persona y las redes sociales potencian sus dos caras. Así lo analizó el columnista y tecnólogo Matías Pérez Rosso en su columna por LU9 Radio Mar del Plata, donde explicó que hay quienes hablan con total seguridad de lo que apenas conocen, mientras que muchos de los más capacitados dudan permanentemente de lo que saben.
Pérez Rosso advirtió que esa dinámica no es inocua: las redes premian la seguridad construida "sobre la nada misma" y dejan en silencio a quienes tienen una construcción de conocimiento más sólida. El planteo, sostuvo, atraviesa el trabajo, la política y la educación, y propuso un camino de salida basado en el equilibrio: ni castigarse por las propias dudas ni dejarse convencer por quien aparenta saberlo todo.
Dos sesgos que conviven en una misma persona
Para abrir la charla, el columnista recuperó una reflexión atribuida al filósofo y matemático Bertrand Russell, según la cual el problema de la humanidad es que "los estúpidos están seguros de todo y aquellos que son inteligentes están llenos de dudas". A partir de esa idea, explicó que el efecto Dunning-Kruger —un sesgo estudiado— describe a personas que creen saber mucho y tienen la habilidad de convencer a otros, mientras que el síndrome del impostor empuja a quienes sí están formados a dudar de su propio conocimiento.
Pérez Rosso aclaró que sentir nervios antes de hablar de un tema no es una señal negativa, sino "un síntoma de responsabilidad": indica que la persona está elevando la vara y saliendo de su zona de confort. El problema, en cambio, aparece cuando alguien encara una exposición convencido de que "la tiene atada" sin haber hecho el trabajo previo.
La edición que disfraza el conocimiento
Buena parte del fenómeno, señaló, se amplifica en plataformas como Instagram, donde los algoritmos acercan perfiles que hablan de todos los temas con enorme seguridad. El columnista describió cómo un contenido puede "endulzarse" y editarse: grabarlo varias veces, sumarle el mejor sonido y la mejor imagen y recortarlo en un video de 25 segundos hasta que parezca una verdad absoluta.
En verdad, advirtió, eso no es más que "una edición y un recorte" con estrategias para que alguien parezca saber. Saber comunicar un tema, remarcó, no significa tener el conocimiento incorporado, una distinción clave frente a perfiles que encadenan videos sobre navegación, petróleo o ciencia y "convencen a las masas" de que dominan todo.
Del aula a la empresa: cuando la seguridad escala posiciones
El analista trasladó el planteo al mundo laboral y político. Las personas con más seguridad, explicó, suelen escalar posiciones con mayor facilidad y, en muchos casos, terminan tomando decisiones importantes "desde una base muy inestable", rodeadas de asesores que las ayudan a sostener lo que en realidad no saben.
Para graficarlo sin involucrar colores partidarios, imaginó un escenario ficticio —"Narnia"— con dos candidatos: uno entrenado para decir las palabras correctas en el momento justo y otro que no. El que está coucheado, observó, tiene muchas más chances de acceder al cargo. Esa misma lógica, agregó, aparece en las empresas y también en las aulas, donde muchos crecieron sintiendo que sus compañeros "sabían de todo" simplemente porque eran buenos oradores y levantaban siempre la mano.
Las redes: los que menos saben, los que más opinan
Pérez Rosso puso el foco en el comportamiento en redes. Según planteó, está comprobado que quienes menos saben son los que creen saber más y, a la vez, los que más participan en los debates, especialmente en plataformas como X (ex Twitter). Ese mismo grupo, sostuvo, concentra los rasgos más impulsivos y violentos en las discusiones.
En contraste, las personas que están construyendo conocimiento y prefieren seguir analizando antes de opinar tienden a no sumarse a esos intercambios. El columnista valoró, en ese sentido, que empiece a verse mejor la actitud de reconocer los límites propios, con frases como "ese dato no lo tengo, lo voy a profundizar" o "bancame que te lo averiguo".
La trampa de la lupa y el valor de decir "no lo sé"
Sobre el síndrome del impostor, el tecnólogo introdujo lo que llamó "la trampa de la lupa": esa voz interna que, ante un mal momento, dicta sentencias como "soy el peor" a partir del recorte de un solo instante. Esa mirada, explicó, es profundamente subjetiva y suele agravarse en un mal día o tras una noche sin dormir.
La propuesta, concluyó, es hacer "recortes más grandes" y ser más benévolo con uno mismo, del mismo modo en que se consuela a un amigo cuando se equivoca. Para Pérez Rosso, la clave pasa por construir desde el equilibrio: entender que muchos de los que hablan con seguridad están "a la misma altura" que el resto y que lo importante es aprender un poco más cada día sin flagelarse por lo que todavía no se comprende.


