Una experiencia enriquecedora: ¿Cómo es trabajar con alumnos de otras nacionalidades en colegios marplatenses?
En diálogo con "Ecos de Mañana", programa que se transmite de 7.30 a 9.30 horas por LU9 Mar del Plata, el columnista Víctor Palacios, docente y filósofo, habló sobre la experiencia de cursos con estudiantes extranjeros.
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La creciente presencia de la comunidad china en Mar del Plata también se hace sentir en las aulas. Una escuela secundaria de la ciudad tiene hoy 13 estudiantes de familias chinas sobre unos 350 alumnos, además de varios más en el nivel primario y, para acompañar su integración, creó un curso de castellano obligatorio. Así lo contó en LU9 el educador Víctor Palacios, que definió la experiencia como "un desafío muy interesante".
El principal obstáculo es el idioma: las familias hablan chino mandarín y manejan muy poco inglés, por lo que la comunicación no puede apoyarse en una lengua intermedia. Frente a eso, la escuela dispuso un curso de castellano dos veces por semana en el contraturno para quienes no dominan el idioma, una medida que, según Palacios, "ha dado muy buenos resultados" y fue bien recibida por los estudiantes y sus familias.
De las familias rusas a la comunidad china
Palacios explicó que el perfil de la matrícula fue cambiando con los años. En otras épocas la escuela había recibido una afluencia de familias rusas, un movimiento que hoy prácticamente se apagó: quedan apenas uno o dos estudiantes de ese origen. En cambio, los chicos de familias chinas "son muchos, muy numerosos", tanto en la secundaria como en la primaria.
El educador los describió como parte de familias "muy disciplinadas, muy respetuosas" y con una capacidad de trabajo llamativa. Remarcó que se dirigen a docentes y directivos de manera "muy protocolar", con fórmulas de saludo y de respeto que no son habituales en el trato cotidiano argentino. "Muy obedientes, muy trabajadores", resumió.
Un curso de castellano obligatorio en contraturno
La medida central que adoptó la institución fue el curso de castellano. Palacios señaló que el conocimiento del idioma se vuelve obligatorio de manera progresiva porque los estudiantes deben rendir sus evaluaciones en esa lengua: prácticas del lenguaje, literatura, historia y el resto de las materias.
Por eso la escuela estableció un curso obligatorio para quienes no manejan el castellano, dos veces por semana en el contraturno. Los resultados, dijo, fueron positivos: los chicos incorporan el idioma con rapidez, aunque "algunos van un poco más lento y otros más rápido", según cada caso.
Una profesora que habla mandarín para tender puentes
Para sostener el trabajo, la escuela sumó a una profesora de literatura en castellano, egresada de la Universidad de Mar del Plata, que además sabe chino porque vivió unos años en ese país. Ese perfil, indicó Palacios, permitió tender un puente no solo idiomático sino también cultural.
A través de ese vínculo, contó, la institución conoció aspectos de la vida de esas familias: en algunos casos, durante la primaria los chicos se mudan a China para vivir con sus abuelos y luego regresan. El educador mencionó también que, según le comentaron, los estudiantes que llegan a la Argentina provienen mayoritariamente de una misma región del sudeste de China.
El desafío de romper el aislamiento
Uno de los puntos más delicados, planteó, aparece cuando hay más de un estudiante chino en el aula: tienden a hablar entre ellos y a formar un grupo pequeño, lo que puede dejarlos aislados del resto. "Hay que romper ese aislamiento" y ofrecerles herramientas para que puedan comunicarse con sus compañeros, sostuvo.
En ese terreno, la tecnología funciona como un arma de doble filo: los traductores ayudan a comunicarse, pero al mismo tiempo generan dependencia de la pantalla. Aun así, el balance que hizo de la convivencia fue positivo: entre los chicos, dijo, la coexistencia en la escuela se da "sin dificultad".
Traducir consignas, un plus de trabajo
La adaptación también alcanza a la tarea de los docentes. Palacios explicó que el profesor da las consignas para toda la clase y luego se acerca al estudiante de ascendencia china para explicar y corregir con otro tiempo. Esa dinámica, admitió, requiere aulas no demasiado numerosas y docentes dispuestos a sostener ese acompañamiento.
Se trata, definió, de "un plus de trabajo" que la escuela asume con gusto. Recibir a estos alumnos, dijo, "ha sido un enriquecimiento" y "un aprendizaje", e incluso "un honor y una alegría".
Del aula a las olimpíadas
El esfuerzo se tradujo en logros concretos. Varios de estos estudiantes terminaron representando a la escuela en instancias de olimpíadas de matemática y en competencias de redacción de ensayos en chino, donde alcanzaron "altos estándares". Palacios los describió como "estudiantes muy buenos, muy aplicados" y celebró que representen a la institución, algo que consideró "un orgullo" y un aporte para todo el entorno.
Trámites y traducciones: el obstáculo para ingresar
El educador remarcó que no todas las escuelas abren sus puertas con la misma facilidad. Para inscribirse, las familias deben presentar la documentación que acredita los estudios cursados en China, papeles que en muchos casos hay que traducir. Ese trámite se transforma, dijo, en un obstáculo que lleva a algunas instituciones a no ofrecer vacante.
Las experiencias, agregó, son dispares entre los distintos colegios de la ciudad, tanto públicos como privados: en algunos la situación está "bien administrada" y "bien acompañada", mientras que en otros el proceso demanda más trabajo. La clave, planteó, pasa por armar las configuraciones de apoyo necesarias para que la inclusión sea real.
Cultura del trabajo y nombres castellanizados
Sobre el final, el educador se detuvo en la fuerte "cultura del trabajo" de estas familias y en algunas particularidades cotidianas. Contó, por ejemplo, que cuando hay un asueto o una emergencia climática resulta difícil transmitirles que no habrá clases: como no suelen informarse por los medios, muchas veces la familia se presenta igual y hay que avisarles con un mensaje especial, que a veces vuelven a consultar dos o tres veces.
También observó que las familias rotan: permanecen un tiempo y luego dejan su lugar a otras que llegan después. Y aportó un detalle que grafica el proceso de integración: varios de los chicos adoptan nombres castellanizados, como Lucas, Sebastián o Clara, para el trato diario en la escuela.


