Uno de cada diez niños y uno de cada cuatro adultos sufren de hígado graso
En "Tarde para Armar" con Maricel Lopez, la columnista y Licenciada en Nutrición, Pía Obiaño, habló sobre el hígado graso (o esteatosis hepática), es decir, la acumulación excesiva de grasa en las células del hígado, que afecta tanto a infantes como adultos.
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El hígado graso, conocido médicamente como esteatosis hepática, ya afecta a uno de cada cuatro adultos y a uno de cada diez niños, según explicó la nutricionista Pía Obiaño en su columna semanal en LU9 Radio Mar del Plata. La especialista remarcó que se trata de una enfermedad "silenciosa", que en sus primeras etapas no presenta dolor ni síntomas evidentes, pero que puede revertirse por completo si se la detecta a tiempo.
Obiaño explicó que muchos pacientes llegan a la consulta asustados al recibir el diagnóstico, sin saber que la esteatosis hepática es, justamente, el término médico para el hígado graso. Según precisó, el hígado acumula naturalmente hasta un 5% de grasa, pero cuando una persona consume un exceso de calorías que no logra gastar, el órgano genera una capa de grasa adicional como mecanismo de protección.
Harinas y azúcares, más determinantes que las grasas
Contrario a lo que suele creerse, el consumo de grasas no es la principal causa del hígado graso. La nutricionista precisó que los grandes responsables son las harinas, los azúcares y los productos ultraprocesados y refinados, ya que el hígado no tiene capacidad de procesar grandes cantidades de estos alimentos juntos. A modo de ejemplo, mencionó que comer varias facturas de una sola vez excede esa capacidad y, sostenido en el tiempo, el órgano comienza a generar grasa como respuesta protectora.
Esa "grasita" inicial, señaló, no es beneficiosa: a largo plazo puede derivar en cicatrices y en enfermedades más graves. Las bebidas alcohólicas también inciden en el proceso y, según advirtió Obiaño, es habitual que el consumo excesivo y sostenido de alcohol derive en cirrosis, el estadio más severo del hígado graso.
Quiénes deben controlarse y con qué estudios
La especialista recomendó realizar controles anuales a quienes tengan sobrepeso en la zona abdominal —incluso sin tener sobrepeso general—, diabetes, colesterol alto, hipertensión o cualquier condición metabólica asociada a un consumo calórico excesivo. El estudio principal para detectar hígado graso es la ecografía abdominal. En cuanto a los análisis de sangre, indicó que las enzimas hepáticas suelen alterarse cuando la enfermedad ya está avanzada, mientras que en los casos leves pueden no mostrar cambios.
Los tres estadios de la enfermedad
Obiaño detalló que el hígado graso avanza en tres etapas. La primera es la esteatosis hepática propiamente dicha, que puede ser leve, moderada o severa. La segunda es la esteatohepatitis, un estadio intermedio en el que la grasa comienza a endurecerse y se vuelve más difícil de eliminar, por lo que suele requerir una dieta estricta y actividad física intensa. La tercera y más grave es la cirrosis o fibrosis, en la que la acumulación de grasa genera necrosis y cicatrices irreversibles en el hígado; en ese punto, dijo, se evalúa un trasplante o puede derivar en cáncer de hígado.
Sobre esta última posibilidad, la nutricionista aclaró que el cáncer hepático no siempre es hereditario: en muchos casos es consecuencia de una alimentación inadecuada sostenida durante años, que mantuvo grasa acumulada en el hígado y afectó su funcionamiento de forma progresiva.
Dieta mediterránea y ejercicio diario, la base del tratamiento
Para los estadios leve y moderado, Obiaño aseguró haber visto "casos severos" revertirse hasta un nivel leve mediante un cambio total de hábitos. La dieta recomendada es la mediterránea: baja en sodio, alta en omega 3, baja en grasas saturadas y en harinas o carbohidratos refinados, con buena cantidad de proteína magra, fibra, frutas y verduras.
El otro pilar es la actividad física diaria, no ocasional. La especialista subrayó que el ejercicio practicado una vez por semana no alcanza para revertir el cuadro, mientras que la actividad diaria sí mostró resultados incluso en casos avanzados. En los cuadros más severos, agregó, existen tratamientos farmacológicos, entre ellos los análogos del GLP-1 —inyectables utilizados para bajar de peso o regular la glucemia—, que según estudios ayudan a reducir tanto la grasa corporal como la hepática. De todos modos, aclaró que la medicación no reemplaza la dieta ni el ejercicio, sino que se suma a ellos.
Obiaño también destacó la importancia de la hidratación con agua para ayudar a eliminar esa grasa, y remarcó que controlar el consumo de ultraprocesados no significa eliminarlos por completo en los estadios leves, sino reservarlos para ocasiones puntuales. En los casos más avanzados, en cambio, la dieta debe ser mucho más estricta.
La constancia, la clave para que no reaparezca
La nutricionista insistió en que los hábitos saludables deben sostenerse en el tiempo: si una persona revierte su hígado graso pero vuelve a las conductas anteriores, la grasa vuelve a acumularse, porque el hígado sigue necesitando protegerse ante el exceso de energía. Por eso, remarcó, la actividad física y la alimentación equilibrada deben incorporarse como un hábito permanente y no como una solución puntual.
Preocupación por el aumento de casos en niños
Obiaño puso el foco en el crecimiento de casos infantiles, vinculado al consumo cotidiano de galletitas dulces, jugos industriales y chocolatadas, muchas veces incorporados como costumbre familiar. Señaló que es común que los chicos no realicen controles pediátricos ni análisis durante años, pese a que enfermedades como el hígado graso o la insulinorresistencia son silenciosas y pueden estar desarrollándose sin síntomas visibles. Por eso, recomendó sostener controles periódicos aunque el chico se vea sano.
El dato viral del café y la recomendación final
Consultada por una tendencia que circula en redes sociales, la especialista mencionó que existe evidencia científica que asocia el consumo de dos tazas de café por día con cierta protección hepática, ya que podría contribuir a evitar la acumulación de grasa en el hígado. Aclaró, sin embargo, que su recomendación depende de cada caso: por ejemplo, no es aplicable a personas hipertensas.
Por último, Obiaño recomendó no buscar información sobre alimentación en redes sociales y consultar con un profesional de la nutrición ante cualquier duda, ya que el abordaje del hígado graso —remarcó— siempre debe ser personalizado.


